Saber de vinos

Espartero, militar y político

(Espartero, segunda parte. 1815-1879)

ESPARTERO. LA AVENTURA DE AMÉRICA

1815. A bordo de la fragata Carlota partí de Cádiz el 1 de febrero. A la semana de navegación se abrieron los pliegos sellados en los que se indicaba a cada unidad sus destinos en ultramar.

En principio, en lugar de ir directamente a sofocar la rebelión de Río de la Plata, debíamos desembarcar en “Tierra Firme”, Venezuela. Cuando alcanzamos la costa encontramos una relativa tranquilidad debida al triunfo de Morales en Úrica, y eran escasos los núcleos independentistas que quedaban, entre los que destacaba el de la isla Margarita, bajo la dirección del español Arizmendi.

Con el batallón de Infantería de Extremadura entré en combate en abril, tomando la Isla Margarita, situada al norte de la península de Araya. Pacificada la zona, Morillo distribuyó las tropas por diferentes virreinatos.

Mi batallón fue enviado a Perú en mayo de este mismo año. Embarcados en Panamá, llegamos a nuestro destino a finales de octubre, para ser trasladados algo más tarde a la región del Alto Perú, en la provincia de Charcas, zona en la que permaneceré durante mi estancia en América.

A nuestra llegada, como Virrey se encontraba el ultra conservador Pezuela, partidario del absolutismo de Fernando VII, recientemente nombrado, mejoró en el primer mes de su mandato la difícil situación de la zona del Alto Perú (Cochabamba, Potosí y Charcas).

ASCENSO A CAPITÁN

1816. A los 23 años, tras pequeñas batallas contra los guerrilleros locales, colaborando activamente a la pacificación de la provincia de Charcas me ascendieron a capitán el 9 de septiembre.

1817. Las llamadas “republiquetas” de mi zona, eran guerrilleros, y de los buenos, por mis experiencias en la Guerra de la Independencia conocía bien sus tácticas y nosotros empleamos las mismas. Era una despiadada lucha de guerrillas contra guerrillas, en la que los independentistas llevaron la peor parte.

CHILE PROCLAMA SU INDEPENDENCIA

1818. Recibimos una mala noticia, hemos sido derrotados en Maipú y con ello perdido chile que proclama su independencia.

1818. Continúo en la misma zona siempre luchando contra caudillos de la región más envalentonados por las noticias de Chile.

COLOMBIA CONSIGUE SU INDEPENDENCIA

1819. Este año, otra mala noticia. Una nueva derrota, en este caso en Boyacá, da paso a la independencia de Colombia. Yo continúo en la región con cierta monotonía.

SAN MARTÍN ENTRA EN PERÚ

1820. Libre Chile, el valiente caudillo independentista, general San Martín, atraviesa los Andes y entrando en Perú derrota a nuestras tropas (realistas) en Chabuco, iniciando un espectacular avance hacia el norte.

EN ESPAÑA TRIUNFA LA REVOLUCIÓN LIBERAL

1820. Madrid. Inquietos en España ante las malas noticias que llegaban desde sus colonias, el Gobierno consigue del Rey la autorización para enviar otro contingente de tropas para su defensa. En esta ocasión unos 18.000 soldados, bien dotados y armados, organizados, con mandos preparados y la mayor parte con suficiente experiencia de combate en la Guerra de la Independencia. Las tropas comienzan a desplazarse y estacionarse en diversos pueblos y localidades próximas a Cádiz, en cuyo puerto embarcarán, pero… “NO TENÍAMOS BARCOS”.

LOS BARCOS RUSOS ESTABAN PODRIDOS

A través del influyente embajador ruso en España Tatischeff, se compraron a su país cinco navíos armados con 44 cañones y tres fragatas dotadas de igual número de artillería. Los barcos llegaron a La Carraca, en Cádiz, el 21 de febrero de 1818. Ya sea por el mal estado en que se encontraban cuando se compraron, o por haber quedado inmovilizados por tan largo periodo sin el menor cuidado o gasto de mantenimiento, ni siquiera el calafateado de la madera de sus cascos, cuando los soldados vieron esas ruinas en que pretendían embarcarlos y el rumor se extendió y agrandó de pueblo en pueblo, pocos pensaban que en ellos llegarían ó su destino. Comenzó a cundir el malestar y de unas cosas se pasaron a otras y comenzaron a levantarse guarniciones a favor de que el Rey jurase la Constitución, como primer paso a formar un gobierno capaz de poner remedio a tanto desastre. Al principió todo fracaso, pero un levantamiento algo mejor coordinado y encabezado en tres lugares diferentes por el comandante Riego y los coroneles Quiroga y López Baños, para confluyendo con sus batallones sobre Cádiz tomar la ciudad, parecía ir mejor.



LA ARENGA DE RIEGO

1820. En la mañana del 1 de enero, Rafael Riego, comandante del segundo batallón de Asturias, formadas sus tropas junto al pueblo de Cabezas de San Juan (Cádiz), les dirigió la siguiente proclama:

“España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la Nación. El Rey, que debe su trono a cuantos luchamos en la Guerra de la Independencia, no ha jurado, sin embargo, la Constitución, pacto entre el monarca y el pueblo, cimiento y encarnación de toda Nación moderna. La Constitución Española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz, entre sangre y sufrimiento, mas el Rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el Rey jure y respete esa Constitución de 1812, afirmación legítima y civil de los deberes y derechos de todos los españoles, desde el Rey al último labrador (…) Si, si, soldados, la Constitución. ¡Viva la Constitución!”.

Poco después cuatro batallones proclamaban como su general a Rafael Riego.

A PUNTO DE FRACASAR, UNA MARCHA SIN RUMBO

No se unieron a los rebeldes las tropas de Cádiz ni rindieron la plaza, con ello comenzaron una fatigosa marcha sin rumbo, llegando a Málaga, Ronda, Morón, Montilla, Córdoba, etc., sin despertar pasión alguna y aún perdiendo, por deserción, algunos soldados. Como estos pronunciamientos se pagaban con la vida, ya temiendo por ello, se dirigieron a Portugal, intentando ponerse a salvo en el País vecino.

EL HIMNO DE RIEGO

Por entretener el camino Evaristo San Miguel, que acompañaba a Riego, escribió unas estrofas a las que alguien puso música, con esta canción animaban su espíritu, más adelante sería conocido como el Himno de Riego.

EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN

Acercándose a Portugal, ya sin esperanzas, les llega la noticia de que en La Coruña, su guarnición al mando del coronel Gómez Acevedo, se une a su pronunciamiento, seguida por el resto de Galicia, ocurre igual en Zaragoza, Barcelona, Pamplona y otras ciudades del Norte de España. Para mayor felicidad de los sublevados, La Bisbal, al mando del ejército que había salido de Madrid para acabar con ellos, en Ocaña se unió a su causa y poco más tarde lo hizo la propia Guardia Real. Sin una sola muerte la revolución liberal había triunfado.



LA HIPOCRESÍA DEL REY

Viéndose perdido, Fernando VII, haciendo gala del cinismo que le caracterizaba, el 7 de marzo de 1820, mientras planeaba su venganza, dijo estas palabras:

“Marchemos todos, y yo el primero, por la senda constitucional”.

Se abría una etapa, que durará poco más de tres años, conocida como el Trienio Liberal, en la que por primera vez iban a aplicarse las reformas constitucionales aprobadas por las Cortes reunidas en Cádiz, en plena Guerra de la Independencia, y recogidas en la Constitución de 1808.

MANDÉ FUSILAR AL BARÓN DE NORDENFLICHT

1820. Perú. En verano llegaron a las colonias las noticias de cuanto en España había ocurrido. Molesto al saberlo, el gobernador de Oruro apoyado por el jefe de la guarnición de la plaza el capitán barón de Nordenflicht se conjuraron para abandonar la causa española, o quizás cambiando la chaqueta ante el avance y triunfos de los independentistas. Lo que más me dolió fue saber que varios compañeros míos se habían unido a los conjurados. Como español y liberal, la traición me calentó la sangre.

En una rápida acción aborté la trama y tal era mi estado de excitación e indignación a la vista de los traidores que sin ni siquiera someterlos a un Consejo de Guerra mandé fusilarlos. Comenzadas las ejecuciones el primero en caer fue el capitán, barón de Nordenflicht, hacia el que sentía una aversión especial, todos le hubieran seguido, pues ya el piquete de fusilamiento cargaba de nuevo, cuando entrando sin aliento el ayudante de mi general en jefe Valdés, enterado de lo que pasaba, me entregó la orden de suspender las ejecuciones. Con ello, el resto, salvaron sus vidas.

He pensado que en aquellos momentos, quizás mi cerebro ofuscado, era el vivo retrato de un liberal “extremista”, revolucionario, anarquista y dictador (por increíble que parezca algo contra lo que luchaba). ¿Cómo pude condenarlos a muerte sin un juicio justo en Consejo de Guerra? Por estos hechos, y otro que en su momento les contaré, muchos han pensado que el rasgo de nobleza en mi carácter, que lo demuestran aquellos que saben perdonar al enemigo vencido, no era en mi lo más destacado.

1820. En cuanto a las noticias del juramento a la Constitución por el Rey, como liberales nos alegró, y como soldados sentimos no recibir la ayuda de la nueva expedición prevista, nuevas armas y municiones, en un momento en que la presión de San Martín y Simón Bolívar crecía. Otros oficiales y tropas españolas, se pasaron, como pretendían hacer en Oruro, al ejército independentista, batallones enteros como el de Numancia I. Con ello la división entre autoridades y oficiales no hizo sino debilitar nuestras tropas adelantando el triunfo de los insurgentes.

1821. El 29 de enero, destacados jefes del ejército realista del Perú (Canterac, Valdés, Valleumbroso, Bedoya, Ferraz, Rodil, Seoane, García Camba), liberales, mandos directos míos, depusieron al absolutista Virrey Pezuela y nombraron en su lugar a La Serna.

DE PRIMER COMANDANTE A AYUDANTE GENERAL

Con los liberales, mi carrera militar, paralizada desde el 1 de agosto de 1917 cambia radicalmente. El 26 de febrero, con 28 años, recibo el nombramiento de Primer Comandante para, a los ocho meses, ascender a Ayudante General del ejército del “Sur del Perú”.

AREQUIPA (ver vida de LUCIANO MURRIETA)

1821. A este bonito lugar, cercano a la costa del Pacífico, al sur de Cuzco (Perú), me destinan para reorganizando el ejército que intenta repeler a los independentistas que se acercaban peligrosamente. En este pueblo fundado en 1134 por el inca Mayta, los españoles construyeron la bonita iglesia de Santa Marta y el convento de Santa Catalina, entre otras obras interesantes.

LUCIANO MURRIETA (será Marqués de Murrieta Ygay)

1821. Llegué a Arequipa en plena euforia de victorias, éxitos y ascensos, nunca sabiendo si viviría un día más, lo hacía intensamente. En mis ratos de ocio, los menos, disfrutaba del buen vino, una partida de póker y, soltero y sin compromiso, de una mujer bonita.

Fue en esta ciudad donde conocí a una delicada y guapísima mujer, María García - Lemoine, una *criolla (*hija de europeos nacida en las colonias) de rica familia, su familia explotaba unas impresionantes minas de plata, se había casado con Luciano de Murrieta y El Mello, emigrante y sobrino del protector de la villa de Santurce (Vizcaya), don Cristóbal Pascual de Murrieta y El Mello.

Teniendo en la época como “querida” a una, entre las más guapas, criolla de la región, es por los que algunos llegaron a sospechar era María, además de por otras muchas razones que deberán descubrir ustedes mismos a lo largo de mi entretenida y azarosa vida si como yo creen que el destino está escrito en las estrellas.



NACE LUCIANO MURRIETA

1822. El 22 de septiembre, nació en Arequipa el pequeño Luciano de Murrieta y García - Lemoine, por lo que los increíbles caminos que el destino entrelaza, me llevaron en el tiempo al lugar y con las adecuadas circunstancias como para que, aun no siendo cierto, pudiese realmente ser el padre biológico del pequeño Luciano.

SIGO VIVO A PESAR DE RECIBIR TRES BALAZOS

1823. Unas importantes fuerzas rebeldes se acercan a nuestra zona. Al mando de mi batallón y ante la inminente batalla, animo a mis hombres a vender cara la vida, aprendí bien la lección de Bailén y sé que si se aguanta la posición sin salir corriendo, es el atacante, por muy numeroso que sea, quien lleva la peor parte. En enero libramos la batalla de Torata, dura y valiente por parte de los dos bandos, mi batallón es atacado con brío por más de 4.000 hombres, en primera línea predico con el ejemplo, llueven materialmente las balas y yo no acostumbrado a tumbarme, terminé el día con una clara victoria y tres balazos en mi cuerpo, uno de ellos de cierta gravedad, que a punto estuvieron de terminar en este momento mi historia. Pero el enemigo no se había retirado vencido y aún las cosas no estaban claras. Mandé me curasen y vendasen lo mejor posible que ocasión mejor tendría para recuperarme de seguir con vida y, dos días después nos enfrentamos de nuevo en la batalla de Moquehua, en esta ocasión venciendo claramente.

Durante el verano recuperamos Lima y pusimos cerco al Castillo del Callao. En Septiembre ganamos la batalla de Zepita y el cuerpo de ejército independentista, mandado por Santa Cruz se retira. En octubre el cuerpo de ejército al mando del general Sucre, un gran soldado, embarcando abandona el País. Con ello este mismo año dominamos por completo el Virreinato del Perú.

CORONEL EFECTIVO

A mis mandos Valdés y Canterac les ascienden a Mariscales de Campo, en cuanto a mí, por heroico comportamiento en combate, y las sucesivas victorias conseguidas, a Coronel efectivo.

Pero las alegrías duran poco en la casa del pobre.

MADRID

1820-1823. En España, jurada por el Rey la constitución y convocadas Cortes, siendo en ellas mayoría los liberales ilustrados o padres de la constitución de 1812, eligen un Gobierno dirigido por estos viejos liberales cultos que llamaremos “moderados”, a los que personalmente conocí en Cádiz ( Jovellanos, Toreno, Argüelles, García Herreros, Pérez Castro, entre otros), pero de alguna manera marginaron a los liberales más jóvenes que, junto a Riego, se jugaron la vida para haciendo triunfar la revolución conseguir el juramento del Rey, a estos les llamaremos “exaltados”(Quiroga, López Baños, Alcalá Galiano, Mendizábal, Gómez Acevedo, La Bisbal, etc.).

En resumen, los liberales se dividen y los “exaltados” luchan desde su marginación por hacerse poco a poco con el Gobierno en manos de los “moderados”, lo que consiguen, porque los Gobiernos duraban muy poco, ya que ninguno era capaz de sacar a España de la ruina ni frenar la lucha por la independencia de sus colonias.

Los “moderados” intentaron conciliar la revolución con el orden, a los “exaltados” se les escaparon las cosas de las manos y caminaron hacia la anarquía revolucionaria cometiendo toda clase de excesos y poniendo en serió peligro hasta la integridad del Rey.

EL CAMPO

Tras la Guerra de la Independencia el campo quedó arruinado. Los viñedos apenas daban cosechas tras años de abandono, y la mayor parte de los olivares, con el ir y venir de las tropas habían sido talados. La ganadería casi había desaparecido ante la voracidad y rapiña de las tropas, unos y otros. Pueblos que valientemente se levantaron ante el invasor fueron materialmente arrasados y en varios casos quemados.

LOS LIBERALES ANULAN LOS DIEZMOS A LA IGLESIA

En principio, al conseguir los liberales que la iglesia dejase de cobrar los diezmos de todas sus cosechas a los campesinos, fue de gran alivio y alegría, truncada en indignación y odio cuando les dijeron que tenían que pagarlo al Gobierno, en “metálico”. Esto para ellos era mucho peor, porque podían tener trigo, uvas, aceitunas o ganado, pero pocas veces disponían de dinero para hacer el pago del impuesto en metálico exigido. Con ello el descontento y la protesta avivada, una vez más, desde los púlpitos de las iglesias, por unos curas que con los liberales veían en peligro sus inmensas posesiones en tierras, riquezas acumuladas durante siglos y privilegios, el 75 % de la población española que entonces vivían en y del campo se puso del lado del regreso de la Santa Inquisición y el Rey absolutista.

La obligación, impuesta por sorteo a los campesinos, de tener que abandonar el campo para servir como “milicianos” en el ejército, tampoco ayudó mucho a levantar simpatías por el nuevo sistema Constitucional.

LA SANTA ALIANZA. 1822. Ante el cariz, peligrosamente revolucionario, del último gobierno liberal del “extremista” Evaristo San Miguel, tanto Francia, en la que tras la caída de Napoleón, se había restaurado la monarquía borbónica en la figura del rey Luís XVIII, como Prusia, Austria y Rusia, unidas en La Santa Alianza, se sintieron inquietas ante la nueva situación de España. La Santa Alianza da permiso al rey de Francia para que intervenga a favor de su familiar en España el rey Fernando VII.

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUÍS

1823. Este es el nombre dado al poderoso ejército que envió Francia para devolver el trono, como rey Absolutista, y echar a los liberales y su Constitución del Gobierno.

El rey de Francia Luís XVIII anunció solemnemente ante las Cámaras el 28 de enero de 1823 que “cien mil franceses estaban dispuestos a marchar invocando al Dios de San Luís para conservar en el trono de España a un nieto de Enrique IV”.

Al mando de las tropas puso a Carlos, duque de Angulema, hijo del conde de Artois, hermano del rey de Francia Luís XVIII, quien más adelante le sucedería en el trono con el nombre de Carlos X.

MORILLO, EL REY Y ANGULEMA

Durante el Trienio Liberal, el general Morillo, junto al que embarqué rumbo a las Colonias, había sido llamado desde Madrid por los primeros gobiernos en manos de los liberales moderados. En 1823 se encuentra al mando de los ejércitos de Castilla y Asturias. Ante la presión de los franceses, la baja moral en sus tropas, desorganizada defensa y, quizás, sus no demasiadas simpatías ante la forma de gobernar de los últimos liberales “extremistas”, se retira sin presentar batalla. El general Ballesteros hace igual, después de retirarse por Valencia y Andalucía capitula.

Tan solo el bravo guerrillero Espoz y Mina opuso tenaz resistencia al frente del ejército de Cataluña, siendo Barcelona la última ciudad en caer en manos de los franceses.

Ante la inminente entrada de Angulema en Madrid, las Cortes y el Gobierno, “invitando”, al estilo de Napoleón, al Rey y su familia a acompañarles se retiran a Sevilla, desde, de nuevo presionados por los franceses, parten para refugiarse en Cádiz. Angulema cerca la plaza por tierra y mar y el 1 de octubre de 1823, da un ultimaron para que dejen en libertad al Rey. Antes de soltarlo, el Rey firmó un “Decreto” por el cual daba garantías de seguridad a cuantos habían defendido la Constitución. Naturalmente un nuevo engaño de un Rey que no tenía ni palabra de honor ni honor siquiera.

1823. El mismo día 1 de octubre en que el Rey sale de Cádiz y se reúne con el duque de Angulema, su libertador, firma un Real Decreto por el que declara “nulo” todo lo realizado y decretado por los sucesivos gobiernos durante el Trienio Liberal, lo que incluye los nombramientos y ascensos en las colonias, como los del Virrey La Serna o los Mariscales de Campo Valdés y Canterac.



DERECHO DE PERNADA

1824. Terminado en España el Trienio Liberal y su Constitución, Fernando VII como rey absolutista regresa a las cavernas de la Santa Inquisición, la iglesia más poderosa que nunca, los pobres más pobres, y los señores feudales con todos los privilegios, incluido el derecho de pernada, etc.

PERÚ

1824. Todo cuanto sucede en España, con el normal retraso, tiene directas repercusiones en las Colonias.

En este caso de imprevisibles y desastrosas consecuencias por la división y enfrentamientos entre nuestras tropas. El Comandante en Jefe del Alto Perú, Olañeta, desobedece en enero las órdenes del Virrey La Serna, a juicio de Olañeta destituido por el último decreto de Fernando VII del 1 de octubre de 1823.

Para evitar inútiles enfrentamientos en tan cruciales momentos, se llegó a un acuerdo entre los mandos reflejado y firmado en el convenio de Tarapaya (marzo de 1824), pero Olañeta no se sometió, por lo que en junio se ordenó al general Valdés desplazarse con sus tropas para reducir a Olañeta. Debilitadas de tal modo nuestras fuerzas en tan absurda lucha, Simón Bolívar, siempre al corriente de cuanto sucedía e inteligentemente, atacó al ejército que había quedado solo al mando de Canterac, derrotándolo en la batalla de “la pampa de Junín”.

VIAJE A MADRID

El Virrey La Serna, deseando poner orden en este caos, me confía personalmente la difícil misión de viajar a Madrid par explicar en Cortes y al Rey los problemas y la situación real, tanto del ejército en Perú como de cuanto acontece en las Colonias, y dar una adecuada solución a ello.

1824. El 5 de junio embarco en Quilca (Perú), puerto cercano a Arequipa, llegando a Cádiz el 28 de septiembre, casi cuatro meses de navegación, partiendo sin dilación a Madrid a cuya villa llegué el 12 de octubre.

Relatado todo cuanto ha venido sucediendo, con total imparcialidad y en toda su crudeza, en las Colonias, nada consigo, ni tropas, ni ayuda en pertrechos, armas o municiones, ni siquiera el permiso para llegar a firmar una justa paz con los independentistas y terminar una guerra a todas luces inútil.

Yo aún no lo sabía, pero para entonces el Rey había llegado a un acuerdo con Estados Unidos e Inglaterra, por el que debía abandonar las colonias y el Virreinato de Perú, a cambio de respetarle la soberanía sobre Cuba y Puerto Rico.

REGRESO A PERÚ

Con tan solo una cartera con el visto bueno de los nombramientos, ascensos y condecoraciones propuestas por La Serna, desilusionado y moralmente derrotado ante el fracaso de la misión, de nuevo embarco para regresar a Perú a finales de diciembre de 1824 en el puerto de Burdeos. En cualquier caso nada hubiera servido porque el desastre ya había ocurrido.

LA DERROTA DE “AYACUCHO”, PERÚ

1824. En mi ausencia el Virrey La Serna se pone al mando del denominado Ejército de Operaciones del Perú, con sus mariscales Valdés y Canterac. En octubre salen de Cuzco en busca de los independentistas.

Los dos grandes caudillos, Simón Bolívar y José de San Martín, han llegado a un acuerdo para unir sus tropas, quedando bajo un único mando. San Martín pone las suyas a las órdenes de Bolívar y él embarca para Francia. Este poderoso y aguerrido ejército independentista lo dirige el general Sucre, ya veterano conocedor de las tierras del Perú, de las que anteriormente le hicimos huir.

Sucre, hábilmente, obliga a nuestras tropas a continuas marchas y contramarchas con pequeñas escaramuzas, desgastándolas físicamente.

En los primeros días de diciembre La Serna consigue algunos éxitos parciales y esto le anima a seguir, pero se dirige a la zona en la que Sucre le espera, el llamado “Rincón de los Muertos” o Ayacucho. El día 9 de diciembre ambos ejércitos se enfrentan. La derrota de nuestro ejército fue total. En la mañana del día 10 Canterac, ya que La Serna había sido hecho prisionero, presentó las condiciones de la capitulación, aceptándose casi prácticamente en su totalidad por Sucre. El ejército realista del Perú había terminado para siempre, aunque quedaban los restos del rebelde y bravo Olañeta, que fueron eliminados de manera definitiva tras la batalla de Tumusla el 1 de abril de 1825. Con ello terminó la soberanía española en Sur América.

Todo esto ocurrió mientras yo navegaba rumbo a Perú

DESEMBARCO CON EL NOMBRE de, Joaquín Fernández.

1825. Ignorante de cuanto había ocurrido, llego a América el 4 de mayo de 1825 y desembarco vestido de paisano bajo el nombre de Joaquín Fernández, mi verdadero nombre, aunque nunca lo usé.

Descubiertos los documentos de que soy portador me encarcelan acusado de espía, alguien me reconoce y la cosa se pone aún peor, porque Simón Bolívar quiere a toda costa fusilarme, lo que ya había hecho con algún compañero. Mientras lo hacen y por evitar tumultos me alejan de la costa y me llevan a la cárcel de…



EN LA PRISIÓN DE AREQUIPA ESPERO LA MUERTE

1825. Que curiosas son las cosas del destino, ¿No tendrían en todo Perú otra prisión que la del pueblo, para mi de tan buenos recuerdos. El pequeño Luciano, con casi tres añitos, corría como un galgo, me hizo ilusión la visita de tan querida familia en esos duros momentos. Antiguos compañeros, paisanos y oficiales, muchos como mandos incorporados al nuevo ejército de liberación, intercedieron por mí y presentaron ante Bolívar peticiones de clemencia, de nada sirvieron, este hombre estaba empeñado en fusilarme y yo me resigné en la certeza de que en este bonito pueblo terminaban mis aventuras.

Pero al parecer una bella criolla intercedió personalmente y rogó por mi vida ante el nuevo caudillo quién prendado de su belleza y ablandado su duro corazón por el llanto de la dama, o bien por la influencia de su rica familia, incluso poniendo a su disposición una considerable cantidad de plata, consiguieron mi libertad. Siempre pensé fue Mariana García - Lemoine, quien con la ayuda del tío del pequeño Murrieta, el general Rivero, consiguieron que Bolívar perdonase mi vida, inmediatamente fui repatriado, haciéndome embarcar el 1 de agosto en Quilca con destino a Francia.

MI ESTANCIA EN BURDEOS

1825. Francia. Llegué a Burdeos, a bordo de la fragata con bandera francesa Telégrafo, en noviembre destrozado física y mentalmente, larguísimos viajes, fracasos, los interminables días de cárcel pendiente a cada instante de oír los pasos del pelotón de fusilamiento, la perdida de aquellos territorios por los que tanto luché, las inútiles muertes de tantos compañeros, abolida la Constitución en España, todo era un baile infernal de negros pensamientos en mi cabeza. A ello había que sumar mi profunda tristeza de no volver a ver a un ángel como Mariana, que en los peores días de mi vida mantuvo mis esperanzas y a la que sin duda debo la vida, o al diablillo de Luciano, eran tantas cosas y tan malas que me aturdían.

Durante tres meses permanecí en Burdeos, había llegado con lo puesto y para volver a España y pagar el alojamiento en Francia solicité un dinero, a cuenta de los muchos atrasos de sueldos que me debían, al duque de Vista Hermosa, embajador de España en París.

Mi pequeña fortuna, quedó en Perú y no sabía si las personas a las que dejé su custodia algún día la enviarían. Ganada en el juego dirán algunos, botín de guerra pensarán otros, o simplemente de tantas pagas que soltero y sin gastos familiares no encontré ni ocasión ni tiempo para gastarlas. Además, reconozco, era un hábil y frío amante de las cartas y sus juegos de envite, y hubo partidas en las que gané bastante dinero.

VENDIMIAS Y VINOS DE BURDEOS

A medida que las cicatrices del alma se curaban, comencé a interesarme con cuanto me rodeaba. Las viñas y la alegría de las vendimias en la región de Burdeos me traían recuerdos de mis primeros años y correrías en La Mancha, los vinos que probaba me asombraban por su calidad y las bodegas eran fantasías, comparadas con las de mi tierra.

Su sistema de elaboración nada tenía que ver con los nuestros y el roble era dueño y señor de todo. Distraído y aficionándome con estas pequeñas cosas pasó el tiempo, de noviembre de 1825 a marzo de 1826.

Habiendo llegado parte del dinero solicitado pude pagar cuanto debía y con decente vestuario me dirigí a Madrid. Tenía 33 años, pasé combatiendo en Perú diez años y ahora, como oficial liberal, metido en el mismo saco que los derrotados, a los que nos conocían con el peyorativo nombre de “Ayacuchos”, no tenía muy claro lo que me esperaba.

ME DESTINAN A PAMPLONA “SIN MANDO”

1826. Madrid. Que diferente el recibimiento al de mi última visita, cuando desempeñando el encargo del virrey de Perú, me concedieron la Cruz de San Fernando de tercera clase por mis servicios, siendo colmado de atenciones.

Llegué el 5 de marzo, y como a un Ayacucho más, fui recibido fríamente, entregándome la orden de mi inmediato traslado a Pamplona “de cuartel”, es decir sin mando. Poco imaginaba que este destino cambiaría mi vida profundamente.

CONOZCO AL BANQUERO RIOJANO SANTA CRUZ

1826. Pamplona. Sin mando, mi vida es ociosa.

Aburrido, intente ver si había forma de recuperar, entre otras cosas, el mucho dinero que de pagas me adeudaban y el depositado en unas cuentas en Perú.

Me puse en contacto en Pamplona con un conocido banquero riojano, Domingo Santa Cruz, dueño de la Casa de Banca domiciliada en Logroño, ya que su prestigio alcanzaba toda la zona norte. Domingo se interesó en el asunto, ya que se trataba de un millón de reales de vellón en efectivo, una auténtica fortuna, pero aun más que en el hipotético dinero se interesó por mi persona comenzando a preparar planes sobre mi futuro.

ME PRESENTA A SU NIETA JACIANTA

Fue precisamente a raíz de estos contactos cuando un buen día me presentó a una deliciosa jovencita que le acompañaba, era su nieta Jacinta.

Noté que a la adorable joven le turbaba mi mirada. No se me escapa que ella se sintió prendada, no sé sí de mí, o del llamativo uniforme de Brigadier. Su abuelo me contó que su padre, rico hombre de negocios de Logroño con importantes fincas y propiedades había fallecido cuando no tenía un año y su madre cuando cumplió los cinco.

MARÍA JACINTA

María Jacinta Guadalupe Martínez de Sicilia y Santa Cruz nació en Logroño el 16 de agosto de 1811 y fue bautizada en la iglesia de Santiago el Real. Hija de don Ezequiel Martínez de Sicilia y de doña María Carmen Anacleta Santa Cruz, ambos vecinos y naturales de Logroño.

Su anterior hija, María Vicenta, nacida el 2 de junio de 1809, murió en 1810, por lo que del matrimonio quedaba Jacinta como hija única.

Sin haber cumplido un año murió su padre (21 de abril de 1812) habiéndola nombrado heredera a la vez que “mejoró a su mujer en cuanto permitía la ley”.

LA MADRE DE JACINTA SE CASA DE NUEVO

Viuda pues, doña Anacleta, el 14 de junio de 1813 contrajo matrimonio en segundas nupcias con don Vicente Fernández de Luco también natural y vecino de Logroño y persona de relieve en la ciudad, en la que desempeñó cargos de importancia (en octubre de 1833 ocupaba el de corregidor interino y subdelegado de policía), de este nuevo matrimonio nació un varón, José María Venancio (31-III-1814), y una niña, María Vicenta Expectación (17-XII-1815). Venancio murió

antes de cumplir los dos años.

A los seis meses de nacer Vicenta, el 18 de junio de 1816 muere la madre, Anacleta, quedando Jacinta huérfana. A Jacinta y hasta su boda la crían, cuidan y educan su abuela y una tía por parte de su padre, la rama de los Martínez de Sicilia, pero es el “Patriarca” Domingo, de 76 años, el banquero, quien adora a su nieta Jacinta, y “elige” a Baldomero como marido.

BALDOMERO 34 años, JUAQUINA 16

1827. Logroño. En mis circunstancias la joven Jacinta, con tan solo 16 años, era como un remanso de paz, candidez y dulzura lo que se reflejaba en su bello rostro.

Yo debía ser el héroe de sus sueños y toda su familia parecía feliz con nuestras relaciones. Ella huérfana desde los cinco años, yo cumplidos los 34, tampoco era cuestión por nuestra parte de eternizarnos en un noviazgo, así que decidimos casarnos, a cuya idea nadie se opuso.



LA BODA

La boda se celebró en la iglesia de Santa María de la Redonda, en Logroño, el 13 de septiembre de 1827, ya Jacinta cumplidos sus 16 años. Al matrimonio yo aportaba apasionantes experiencias de mi movida vida y Jacinta además de su juventud y acomodada posición, por su cultura e inteligencia siempre los mejores consejos en tantos y tan diversos asuntos, en ocasiones muy delicados, en los que me seguí viendo envuelto en mi azaroso destino.

En Jacinta siempre encontré el hogar seguro que una persona como yo tanto necesita, y en Logroño a mi nueva patria chica. En todos los aspectos a partir de mi matrimonio mi vida sentimental, cultural y, porque no decirlo, económica, mejoró mucho. Hasta entonces mis momentos de felicidad fueron escasos a partir de ahora serian muchos.

LOGROÑO 8.000 HABITANTES

1828. Logroño. Cuando llegué a esta ciudad, amurallada, pasaban en poco más de 8.000 sus habitantes, le seguían en cuanto a número de personas, muy de cerca, Haro y Calahorra.

LA RIOJA CASTELLANA Y NUEVA DIVISIÓN PROVINCIAL

Por Real Ordenanza de Felipe V de 4 de julio de 1718, los pueblos y ciudades de la Rioja Castellana, dependían de Burgos, al igual que las poblaciones de las comarcas riojalteñas y centrales. De Soria dependían las serranas y bajorribereñas.

Este y otros desastres administrativos de la época fueron resueltos por los Gobiernos del Trienio Liberal aprobando una nueva división provincial (Por Decreto 27 de enero de 1822, sancionado el 30).

LOGROÑO, DE CAPITAL DE LA RIOJA A POBLACHÓN CASTELLANO

La Rioja se convirtió en provincia de la monarquía, y Logroño en capital de la misma, lo que fue recibido con el mayor regocijo. Pero tras la intervención de los “Cien mil hijos de San Luís”, todo quedó como estaba, desapareciendo el nombre de provincia, volviendo su capital Logroño a ser un “poblachón castellano”.

SECRETAS SOCIEDADES PATRIÓTICAS

Los que no se conformaron con la nueva situación se agruparon en secretas Sociedades Patrióticas, confiando que pasado el tiempo regresaran al poder los liberales. Entre ellos se encontraban todos los miembros de las familias de Jacinta, siendo el jefe del clan su abuelo,

por ello me tenían y trataban como el heroico militar que necesitaban para sus fines y planes de futuro, y no se equivocaban.



VIAJE DE BODA EN PARÍS

Tras la boda con Jacinta y nuestro inolvidable viaje de bodas en París, su influyente familia consigue me trasladen a Logroño como comandante de armas y presidente de la Junta de Agravios.

No tenía mucho que hacer y acompañado por mi mujer visité los muchos viñedos que tenían, fincas y bodegas. Las conversaciones sobre cuanto vi en Burdeos con el abuelo de mi mujer y otros miembros de la familia y circulo de amigos, casi todos miembros de la secreta Sociedad Patriótica, eran frecuentes, aunque les gustaba más escuchar mis relatos de combates frente a los ejércitos de Napoleón o en Perú.

ESTABLEZCO CONTACTOS CON MIS COMPAÑEROS

1829. Logroño. Con mi brillante situación social alcanzada y tiempo, establezco contactos con compañeros que habían logrado ser rehabilitados por los Ministros más reformistas de Fernando VII y que para la fecha ocupaban cargos administrativos y profesionales significativos.

EL ABUELO SANTAN CRUZ Y MI FORTUNA

El abuelo de Jacinta era un auténtico lince como banquero, no se como lo hizo pero este verano se detalla en una Escritura de capital

reconocida por mi esposa y escriturada en Logroño, que en un banco de París, capital de Francia, tengo en inscripciones contra dicho Banco setecientos mil reales de vellón y, procedente de tiempo anterior al matrimonio, en poder de mi apoderado en la ciudad peruana de Arequipa, trescientos sesenta mil ochocientos reales de vellón, repartidos en “quince mil pesos duros poco más o menos” más ciento noventa “onzas de oro” de dos préstamos a dos compañeros de armas y de un depósito en un “vecino y residente en Jufuí, Virreinato de Buenos Aires”.

Un “peso duro” equivalía a 20 reales de vellón y una “onza de oro” a 320.

Y de esta manera, gracias a mi nuevo abuelo – político me convertí en millonario.

CONSIGO EL MANDO DE UN REGIMIENTO DE INFANTERÍA

1830. Las influencias son importantes y mis amigos consiguen me concedan el mando activo del Regimiento de Infantería de Soria, con el cual paso de guarnición a Barcelona y más adelante a Palma de Mallorca.

NACE ISABEL

1830. El 10 de octubre de 1830 la reina María Cristina de Nápoles tiene una niña a la que bautizan con el nombre de Isabel.



NACE LUISA FERNANDA

1832. A comienzos del año murió el ministro de estado Manuel Gonzalo Salmón y fue reemplazado por el conde de Alcudia.

Poco tiempo después nace la segunda hija de María Cristina y el rey Fernando VII, Luisa Fernanda.

SUPRESIÓN DE LA LEY SÁLICA

En La Granja de San Ildefonso el rey enfermó hasta el punto de pensar que está a punto de morir. Por testamento, otorgado en 1830 preveía la sucesión del trono en su hija Isabel. Por la Pragmática Sanción se suprimía en España la Ley Sálica (que prohibía reinar a las mujeres) y retomaba el orden tradicional de la sucesión española al trono, establecido desde la Edad Media por las Partidas de Alfonso X el Sabio.

Esto terminaba con las pretensiones para su hermano Carlos de sucederle como nuevo rey de España, pero sus partidarios no estaban dispuestos a tener una mujer por reina.

No deseando María Cristina ser la causa de una nueva guerra civil, preparó un nuevo decreto para que lo firmase Fernando VII, derogando la Pragmática Sanción. Aunque todo se hizo con el mayor secreto, en la Corte los secretos corrían como el viento, su hermana Luisa Carlota, casada con otro hermano del rey, el infante don Francisco de Paula, enterada llegó a palacio. Tenía un fuerte carácter y recriminado a su hermana el momento de debilidad, dicen, hizo traer al ministro de Gracia y Justicia, Calomarde el decreto y rompiéndolo en pedazos le abofeteó, a lo que el ministro respondió galantemente con estas palabras:

“Señora, manos blancas no ofenden”

EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA GUERRA CIVIL

Lo cierto era que en torno al hermano del rey, el infante don Carlos, se agrupaba los realistas absolutistas, el clero conservador etc., en resumen, “apostólicos” o “carlistas” contra los “liberales” o “isabelinos”. Por nuestra parte, los liberales, veíamos una nueva oportunidad para llevar adelante las ideas plasmadas en la Constitución si nos uníamos en torno a María Cristina e Isabel.

Realmente España entera conspiraba y se decantaba por uno u otro lado, la guerra era inminente. Pero el rey, milagrosamente se recupera y las cosas, momentáneamente, se calman.





EL SONETO

Desde Mallorca, algo aburrido, y enterado de los sucesos de La Granja, compongo y envío un soneto dedicado a la reina, en el que dejo muy clara mi postura y la de mi regimiento.

¡Cuántos cuidados pesan, gran Señora,
hoy sobre vos! De un susto no cobrada,
la prenda a las Españas conservada
vuestro cuidado maternal implora.
Un pueblo generoso que os adora
espera en vos ventura dilatada,
y la porción de buenos no menguada
se acoge a vuestra sombra protectora.
Favoreced, colmad el regio intento;
de asaz llorados males la memoria
dirige vuestra voz, cual nube al viento.
Redunde el procomún en nuestra gloria
y sea general el sentimiento
de obediencia y amor que os jura Soria.

1833. Reunidas las Cortes en junio de 1833, a la antigua usanza, juraron heredera a la princesa Isabel con la consiguiente protesta de don Carlos, quien, refugiado en Portugal desde el mes de marzo, se negó a reconocerla, disponiéndose a reclamar la corona cuando el rey muriese.

MUERE FERNANDO VII

1833. Tras su ligera mejoría el 29 de septiembre de 1833 muere Fernando VII, la guerra civil entre isabelinos y carlistas nadie la puede evitar.

MARIA CRISTINA Y BARBA AZUL

De Fernando VII se ha dicho casi todo, salvo que era un “barba azul a la española”.

Sus padres, Carlos IV y María Luisa de Borbón tuvieron ¡trece hijos!, (por ello, dicen, se acusaba al rey de nudista pero lo cierto es que no le debía dar tiempo a vestirse).

Fernando VII era el ¡noveno!, y de similar manera al más loco entre los emperadores romanos, alguien llegó a pensar que fue acabando con los ocho hermanos que le precedían hasta que la corona llegó a sus manos, lo cierto es que Carlos Clemente, María Luisa, María Amalia, Carlos Domingo, Carlos Francisco, Felipe Francisco, María Teresa y Felipe María, todos, por increíble que pueda parecer, habían muerto antes del año 1800. Cuando Goya pintó su famoso cuadro “La familia de Carlos IV”, ya los ocho habían sido enterrados y si se descuida solo puede retratar al “perro”, Fernando tenía unos dieciséis años y aparece con cara amable y sonriente, aún Goya no había chocado con el heredero de la Corona.

Como Príncipe de Asturias era el futuro rey, ya que la Ley Sálica estaba en vigor (las mujeres no podían reinar), por lo que las dos hermanas, mayores que él, no corrían peligro.

A Carlota Joaquina (1775-1830) casada con el rey Juan VI de Portugal, su propio padre Carlos IV, apoderándose del país, unido a Napoleón, la hizo huir a Brasil.

María Luisa Josefina (1782-1824), que había nacido también antes que Fernando, llegó a ser reina de Etrúria (región de Italia, entre el Tíber, los Apeninos, el mar Tirreno y el río Magra).

EL CAUSANTE DE LA GUERRA

El Infante Carlos María Isidro (1788-1855) era cuatro años menor que Fernando. Durante su juventud estuvo estrechamente ligado a su hermano, pero su actitud con respecto a la sucesión al trono y a la concepción de la misma Monarquía, acabarían por alejarlo de él en la última fase de su reinado.

Su aspecto era agradable, estatura gallarda y severo continente, gravedad constante y andar majestuoso y digno. Sus cabellos, casi castaños, frente amplia y despejada, mirada tranquila, ojos hundidos, nariz y barba borbónica, su largo bigote rubio y su sonrosada tez hacían de su rostro una fisonomía simpática.

Estaba casado con María Francisca de Asís, hija de su hermana Carlota Joaquina y el rey Juan VI de Portugal. Por esto se encontraba en el vecino país junto a su “suegra y hermana”.

Francisco de Paula (1794-1830) y María de la O Isabela (1789-1848) eran los hermanos menores de Fernando.

LA MADRE DE MARÍA CRISTINA

María de la O llegó a ser reina de Nápoles al casarse con Fernando I (1751-1825), de su matrimonio nacieron dos hijas. La primera, Luisa Carlota, se casó con el hermano de su madre, su tío Francisco de Paula.

En cuanto a la segunda, María Cristina lo hizo con otro hermano de su madre, Fernando VII, siendo para “Barba Azul” la ¡cuarta vez que se casaba! Ya enterradas sus otras tres mujeres.

LOS MATRIMONIOS DEL REY

Fernando se casó cuatro veces.

A los 18 años, el 4 de octubre de 1802, se celebró la ceremonia nupcial en Barcelona con la princesa Antonia de Nápoles (1786-1806), hermana de Francisco I de Nápoles casado al mismo tiempo con la hermana de Fernando, María de la O, por lo que eran “dobles” cuñados.

De Antonia cuentan era mujer de genio vivo y de carácter orgulloso y dominante. Poseía una gran frescura, y esa frescura, o más bien ese exceso de salud se dejaba notar, de una forma agradable, en la excesiva lozanía de su pechera. Cuando se casó tenía 16 años, era guapa y de expresión alegre y poética, pero Fernando no mantenía con ella muy buenas relaciones, ni buenas ni malas, simplemente “no mantenía relaciones”. De lo que su mujer, en la correspondencia que tiene con su madre María Carolina de Nápoles se queja, y explica, que su marido Fernando, el Príncipe de Asturias, ya pasado más de un año desde la boda no había tenido relaciones carnales con ella.

Por otra parte, Godoy es un fiel aliado de Napoleón y con él el padre de Fernando, el rey Carlos IV, así que mucho les molesta que la madre de Antonia y la Corte de Nápoles, fiel aliada de Inglaterra y enemiga irreconciliable de Napoleón se interfiriese en sus planes.

Dos veces quedó esta joven reina embarazada y sin duda dos veces la “ayudaron” a abortar, solo faltaba esto, con Napoleón por medio un heredero al trono de la napolitana. Así de terroríficas eran las cosas de Palacio y la loca ambición de Godoy y su amante la reina.

El 21 de mayo de 1806, tras no pocos padecimientos y dolores, moría, con 20 años, María Antonia de Nápoles. Corrió el rumor de que había sido envenenada, naturalmente los médicos de la Corte dieron otra versión. Entre sus principales enemigos esta desgraciada joven tenía a la reina María Luisa quien ni en sus últimos momentos mostró la mínima simpatía por la joven.



SEGUNDA BODA con ISABEL DE BRAGANZA

En 1816, ya rey, Fernando VII, tras el regreso de su destierro en Valençay, se casa nuevamente con otra sobrina, hija de su hermana Carlota Joaquina y el rey de Portugal Juan IV, su nombre Isabel de Braganza (1797-1818). Por aquello de ahorrar, de nuevo la boda será doble y el hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro (el pretendiente al trono frente a su hija años más tarde) se casará con la hermana de la princesa portuguesa María Francisca de Braganza, su sobrina.

Tras la boda por poderes, el 28 de septiembre de 1816, las dos princesas entran en Madrid.

INDULTO PARA LOS LIBERALES

Respecto a los liberales, con motivo del “venturoso enlace” se concedió un indulto general mediante el cual quedaron en libertad todos los presos, salvo los de crímenes considerados nefandos

(Indignos, infames). Permitiendo el regreso de los desterrados que no hubiesen incurrido en delitos semejantes.

Isabel comenzó a ejercer una influencia humanitaria cerca del monarca, era inteligente y amante del arte y le atribuyen la idea del Museo del Prado.

Su marido, rodeado siempre por “gentuza” seguía saliendo por las noches de palacio en busca de aventuras amorosas. Con mucho tacto, y a pesar de estas cosas que conocía, se fue ganando el cariño de su marido. Cuando la camarilla de cuervos y maleantes que siempre le rodeaba, entre los que había personajes de dudosa catadura que pululaban por la corte, se olieron andaban sus relajadas vidas en peligro ya que la reina poco a poco disminuía la influencia que venían ejerciendo sobre el rey, sin duda planearon eliminarla.

MUERE ISABEL DE BRAGANZA

Isabel de Braganza murió el 26 de septiembre de 1818 (el mismo año que Manuel Quintano) con 29 años. En esta ocasión los médicos dijeron fue por una cesárea “mal practicada” en la que tampoco pudieron “salvar” a la hija. Naturalmente estaban a las órdenes del rey, o más bien, de la camarilla de asesinos que se encargaban de los más sucios asuntos, mientras Fernando silbaba mirando hacia otro lado.

Fernando, que tan poca atención prestaba a su esposa, hizo ver le había afectado su muerte, posiblemente fingía como en tantas ocasiones lo hizo.

TERCER MATRIMONIO con JOSEFA AMELIA

El 2 de septiembre de 1819, ya vemos no guardó ni un año de luto tan apenado esposo, se casa con la joven, de 15 años, María Josefa Amalia de Sajonia (1801-1829). Esta princesa era hija del príncipe Maximiliano de Sajonia. Educada en un convento en el que se la había dotado de una estricta formación religiosa y una profunda piedad.

Una joven alemana muy atractiva de dulce expresión y grandes ojos azules. Fernando que físicamente se sintió atraído por esta joven se encontró con que su fogosidad era rechazada por la escasa educación sexual y mojigatería de la nueva esposa. Sólo la intervención del Papa pudo conseguir que las relaciones entre ambos cónyuges llegaran a normalizarse.

Pero esta guapa reina también cometió un pecado “mortal”, no se quedaba embarazada y los años iban pasando sin sucesor al trono, Fernando tenía ya 45 años y algunos achaques.

MUERE LA REINA MARÍA JOSEFA AMELIA

La reina María Josefa Amelia murió el 18 de mayo de 1829, a los 28 años, en este caso ni fue por abortos ni por cesárea, tampoco parece que nadie se molestase en preguntar por la causa de su muerte.

Su apenado viudo, antes de que se celebrasen las exequias por la reina, manifestó su deseo de contraer nuevo matrimonio.

1829. CUARTO Y ÚLTIMO MATRIMONIO

MARIA CRISTINA de BORBÓN

De nuevo encontró una sobrina para casarse. En este caso María Cristina de Borbón (1806-1878) hija de su hermana María Isabel y del rey de Nápoles Francisco I. Había nacido en Palermo el 27 de abril de 1806. Tenía por tanto 23 años y él 45. Pero esta le sobrevivió.



(Continuo con el relato de mi vida, tras un repaso de los personajes)

LA REINA

El primer día que vi a la reina quedé prendado y de parecido modo me miró ella viendo en mí al héroe y paladín que salvaría el trono de su hija y los años de su regencia.

“De cabello castaño, ojos pardos, pareciendo negros a cierta distancia,, y sin ser grandes, resultaban expresivos y dominantes; boca carnosa con propensión constante a la sonrisa; la frente proporcionada al rostro; la nariz, por sus rasgos italianos, algo grande, sin ser borbónica; dientes de color blanco nacarado; los pómulos ligeramente rojos; las orejas, menudas y bien puestas; el cuerpo, airoso y esbelto; la figura de intachables líneas esculturales; de ademanes muy distinguidos y porte elegante, cualquiera que fuera el traje que vistiese, de paseo, campo, montar a caballo o los más elegantes para las recepciones en palacio. Expresión dulce y apacible y serenidad de ánimo.

(Nunca quise saber si las niñas Isabel y María Fernanda, eran o no hijas de Fernando VII. María Cristina cuando se casó, no era una niña como las anteriores esposas, y, culta y preparada, sabía, cuando menos sospechaba lo que podía ocurrir. Su vida en la corte de España, como la de las anteriores esposas de Fernando VII, dependía de tener o no hijos, para entonces Fernando, ya era un “deshecho de tienta” y hasta dudo pudiera dejarla embarazada. Además el secreto matrimonio, morganático, a los tres meses de enviudar con Fernando Muñoz, un guapo guardia de Corps, hijo de los estanqueros de Tarancón, hacía suponer que su amor venía de mucho antes de la muerte del rey.

LA REINA VIUDA SIGUIÓ TENIENDO HIJOS

Por naturaleza fogosa y apasionada ya viuda, tuvo varios hijos, como en su momento les contaré.

Pero volvamos a lo ocurrido en esas fechas. Concertada la boda entre Fernando y Cristina, se celebró en Aranjuez el 9 de diciembre de 1829. Las circunstancias en las que se vio envuelta, a partir de ese momento, la llevaron a echarse en manos del liberalismo, y a juicio de mis enemigos, en las mías.

MUERTE Y ENTIERRO DE FERNANDO VII

1833. El 3 de octubre el difunto rey Fernando VII, era trasladado para ser enterrado en El Escorial. Fue el último rey que constituía el poder jerárquico más elevado después de Dios, y era fuente de toda justicia, de toda legislación y quien manejaba las riendas del Gobierno.

Por tanto, desde el siglo XV hasta el siglo XIX España fue regida por una monarquía que concentraba todos los poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. En este estado de cosas siempre los consejeros, y quienes todo lo dirigían, eran o nobles o eclesiásticos y habían ido aprovechando este tiempo en adquirir más y más riquezas y privilegios que consagraban por ley.

El resto, el pueblo liso y llano, los campesinos, la chusma, la plebe, el pueblo bajo, eran lo más cercano o esclavos y se les mantenía en la ignorancia y el analfabetismo, sin derecho a voto, quien no tenía ingresos fijos, aún en el marco liberal de la Constitución de Cádiz de 1808. Ni siquiera a frailes o monjes se les permita el voto, y que contarles de la mujer, hasta los liberales estábamos en la época de las cavernas en cuanto a igualdad de derechos de hombres y mujeres ante la ley, el sufragio universal y tantas y tantas cosas que hoy nos parecen normales, para conseguirlas muchas personas a lo largo de la historia dieron su vida.

1833. GUERRAS CARLISTAS

La noticia de la muerte de Fernando VII, trae consigo la inmediata sublevación de los “carlistas” en diversos puntos del país, sobre todo en el País Vasco y Navarra, además de un foco en Levante.

Solicito autorización para pasar con mi regimiento de Mallorca a la Península y hacerles frente. El 24 de noviembre me autorizan a pasar, únicamente con mi primer batallón. El 20 de diciembre desembarcamos en el Grao de Valencia.

1833. LA NUEVA PROVINCIA DE LOGROÑO

Había hecho en su momento una petición, para que se retomase la división territorial aprobada durante el Trienio Liberal, en la que figuraba los pueblos de la Rioja Castellana, repartidos entre Burgos y Soria, unidos en una sola provincia llamada de Logroño con su capital en la ciudad del mismo nombre.

Con la alegría que pueden suponer, el 30 de noviembre de 1833 se fijó la actual demarcación de la provincia de LOGROÑO y su capital.

GOBERNADOR MILITAR DE VIZCAYA

1834. El uno de enero llegué a Madrid, donde me entrevisto con Cea Bermúdez, mi amigo el general Valdés y con María Cristina, que sabe casi todo sobre mi vida y guarda el soneto escrito en Mallorca.

Expresados mis fervientes deseos de entrar en combate me nombran gobernador de la provincia de Vizcaya, hacia donde me dirijo seguidamente.

LA SUCESIÓN AL TRONO DISCULPA PARA LA GUERRA

La sucesión al trono de nuevo es la disculpa para enfrentar a las dos Españas, en las que este desdichado País ha estado, y está, siempre dividido.

Por un lado luchaban por un nuevo rey como marioneta de su guiñol, quienes no desean que nada cambie, y con ello mantener su posición social, riquezas y privilegios. Muchos nobles con la iglesia tradicional y su Santa Inquisición manejando a los infelices reyes absolutistas, hasta el punto que algunos han llegado a pensar que eran ellos los que mandaban, cuando lo más que hacían era firmar los documentos y decretos que sus validos o ministros de turno preparaban. Si el equipo era bueno, caso de Carlos III y sus grandes ministros Carvajal y Ensenada, el rey y su reinado era estupendo, si eran una pandilla de degenerados, asesinos y atrapamoscas, caso de Carlos IV, con Godoy y su perversa mujer, o Fernando VII, el rey, como consentidor, era un nefasto, cargando con todas las culpas.

Por otro lado, los que luchábamos por una reina regenta y una reina niña, como las marionetas que nos permitirían imponer las ideas liberales y constitucionales, en este caso, todos los demás, yo entre ellos junto a muchos soldados y oficiales “ayacuchos” derrotados en Perú y destacados liberales excarcelados o que aprovechando el levantamiento de su destierro, tras la boda de Fernando VII con Isabel de Braganza, habían regresado.

EL INDEPENDENTISMO COMO TELÓN DE FONDO

A río revuelto aparecen, a uno u otro lado, los independentistas de siempre, amantes de ser los reyes de sus pequeños territorios, nuevos reinos de Taifas, separados de España.

Siempre en estas situaciones de guerra civil, otros países por sus particulares intereses y ambiciones apoyan fervientemente a uno u otro bando.

LA REGENCIA

María Cristina, a quien testamentariamente había confiado su esposo, Fernando VII, la regencia hasta la mayoría de edad de Isabel II, necesitaba, frente a los carlistas, el apoyo de los liberales para hacer valer los derechos de su hija.

1834. LA GUERRA EN EL NORTE

Llegado a Vizcaya no di descanso a mis tropas, mucho menos a los carlistas, que no tuvieron un minuto de reposo. Curtido en mil batallas y experto en correr para salvar la vida desde la derrota de Ocaña, en la Guerra de la Independencia y los diez años de incesantes combates de guerrillas en Perú, me enseñaron que la movilidad sorprende y atemoriza al enemigo, que al verte aparecer donde menos lo esperan son fácilmente derrotados y puestos a la fuga. De Bailén, Zaragoza, Gerona, y otras heroicas defensas en villas y pequeños pueblos de la geografía nacional, aprendí que una organizada defensa destroza y desmoraliza los ataques del mejor ejército.

Ambas cosas puse en practica y pronto cayó Guernica, Mundaca y Bilbao. Fortificada y bien surtida, esta última ciudad, de armas víveres y municiones partí sobre Mendata y Cenarruza en persecución de las fuerzas carlistas. Escribo a mi querida Jacinta diciendo que por la sorprendente rapidez en mis movimientos me llaman “el general Bulle-Bulle” o “el duende de la noche”.

1834. MARISCAL DE CAMPO

Por tan rápidas victorias en abril de 1834 soy ascendido, a propuesta de mi amigo el “Ayacucho” general Valdés. A mariscal de campo.

Al frente del nuevo Gobierno que sucede en enero al de Cea Bermúdez, se encuentra el que fuera diputado liberal en las Cortes de Cádiz Martínez de la Rosa, que convoca elecciones para procuradores en Cortes, según el sistema establecido por el Estatuto Real.



CARTAS A JACINTA

La noticia me alegra y escribo a mi esposa en junio de 1834:

“Diles a los amigos que me alegraría ser diputado por Logroño, sin otro interés que el de trabajar por la ventura y prosperidad riojana”.



EL CÓLERA Y EL PÁNICO

1834. Una terrible epidemia de cólera se extiende por España, en Madrid hace estragos durante el verano. Las gentes, medio enloquecidas, haciendo caso ante cualquier bulo que el loco de turno propaga, llegan el 17 y 18 de julio a perseguir y matar a los frailes que encuentran acusados de envenenar el agua de las fuentes. Recordemos que cuando Murat y otros soldados franceses cayeron enfermos se creyó que en Madrid se envenenaba el vino que les vendían.

Escribo a Jacinta: “Si el cólera se acerca a la Rioja, vente enseguida a Vitoria y, desde allí, queda a mi cuidado escoltarte a Bilbao para que puedas marchar a Francia en él caso de que estas provincias sean invadidas por tan cruel enfermedad”.

Dos mese después, asustado desde Lequeitio escribo: “Esto me tiene sin cuidado, y más cuando sé que el cólera se halla cerca de Logroño. No aguardes a este azote, sálvate de él marchándote a cualquier parte”.

ZUMALACARREGUI

Este gran general carlista español nació en 1788, en Ormáiztegui.

Durante la invasión francesa abandonó sus estudios de Derecho para acudir a la defensa de la independencia de la patria, sentando plaza entre los defensores de Zaragoza, en cuyos sitios se distinguió por su valor, y cayó prisionero en 1808, en una salida. Pudo evadirse y se alistó en la partida del guerrillero Jáuregui, en donde dio pruebas de su genio militar, y al terminar la guerra se le reconoció el grado de capitán de infantería; luchó a favor de los realistas y en contra de los constitucionales; estando de gobernador militar en El Ferrol se alejó del cargo por ser partidario de don Carlos y se retiró a Navarra, hasta que, muerto Fernando VII, se presentó al jefe carlista Iturralde, que le cedió el mando de las fuerzas legítimas (1834) y logró, sin recursos, organizar un ejército, con el que obtuvo destacadas victorias contra las tropas de Isabel II, siempre con menos elementos de combate.



LAS COSAS NO SALEN BIEN

1834. A pesar de los parciales triunfos de mis tropas, los ejércitos carlistas reorganizados, disciplinados y mandados por Zamalacárregui, dominaban gran parte del territorio vasco-navarro.

Mis jefes superiores se van cambiando, Quesada, Rodil, Espoz y Mina, Valdés, para terminar en el general Luís Fernández de Córdoba,

en junio de 1835 tras hacerse cargo del Gobierno el conde de Toreno.

Esto realmente no me gusto nada, ya que sinceramente pensaba ser ascendido al cargo y puesto de Fernández de Córdoba.

Desde entonces sentí cierta antipatía tanto por este como por el conde de Toreno, don José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia, al que le consideraba responsable de lo ocurrido, siendo su “afecto” por mí recíproco.

Ante esta caída de nuestros mandos en cascada, los carlistas aprovecharon y nos obligaron a retirarnos a la línea del Ebro estableciendo el cuartel general en Miranda. Don Carlos solicitó una importante ayuda económica o empréstito y para concedérselo exigieron los prestamistas una demostración de su fuerza tomando una ciudad importante. Se le ocurrió Bilbao a la que había fortificado y dotado convenientemente. Zumalacárregui, más inteligente militarmente que don Carlos, se opuso a la idea pero todo fue inútil.

ASEDIO A BILBAO Y MUERTE DE ZUMALACÁRREGUI

El 10 de junio de 1835 Zumalacárregui inicia el asedio y ataques a Bilbao; pero la guarnición opuso fuerte resistencia. Enterado de lo que estaba ocurriendo, con cuantas tropas pude reunir salimos inmediatamente de Miranda el día 17 en ayuda de la villa atacada.

En uno de los asaltos dirigido valientemente por el general carlista Zumalacárregui, fue alcanzado teniendo que ser retirado a Cegama para curar su herida. Esto desmoralizó a sus tropas. El general carlista Eraso le sustituyó prosiguiendo el asedio, pero corriendo la noticia de que infectada la herida su caudillo Zumalacárregui había muerto, lo que particularmente sentí pues era uno entre los más valientes e inteligentes soldado contra los que me había enfrentado, aprovechando las circunstancias arrecié en mis ataques obligando, el 1 de julio, a Eraso a levantar el sitio.

LA DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZABAL

1835. Cae Toreno, lo que no me entristece, y le sucede Mendizabal en la presidencia, y aunque su mandato solo duró unos meses, tuvo tiempo de iniciar la reforma económica poniendo a la venta los muchos bienes, hasta entonces en manos de las comunidades religiosas. Por sucesivos decretos de octubre de 1835 a marzo de 1936, quedan suspendidas todas las órdenes religiosas a excepción de las dedicadas a la beneficencia pública, siendo sus propiedades incautadas por el Estado para ponerse a la venta en subasta pública. Con esta medida conseguía recursos para proseguir la guerra civil y crear una burguesía adicta al progresismo.

Pero una vez más, lo que podía haber sido una autentica reforma agraria, quedó en la mera transferencia de bienes, de la iglesia a las clases económicamente más fuertes, que eran las únicas que disponían de suficiente dinero para adquirirlas, entre ellos los familiares de mi esposa. Con ello los ricos pasaron a serlo mucho más y los pobres campesinos se quedaron como siempre, tan pobres. La familia de Jacinta en Logroño supo aprovechar muy bien estas circunstancias.



DESDE LOGROÑO DIRIJO LA CAMPAÑA

Al morir Zumalacárregui tomamos con el ejército isabelino la iniciativa, en julio, pongo cuartel en Logroño y en mi casa nos reunimos, a comer o cenar, hasta cien comensales algunos días. Dadas las circunstancias la he puesto a disposición de los mandos militares.

Jacinta siguiendo mi consejo se trasladó a Madrid un mes antes.

La vanguardia de nuestras tropas la situamos entre Viana y Sesma. Los carlistas están en Peñacerrada y Santa Cruz de Campezo.

En julio intentan poner sitio a Puente la Reina, avisados, acompañado por Córdoba, el 16 de julio de 1835, les batimos en Mendigorría, acción que completo personalmente con una operación que dirijo contra Arrigorriaga el 11 de septiembre, en la que recibo un balazo en el hombro izquierdo, lo que me molestara durante algunos meses y pienso en como sacar tiempo para tomar unos baños en Arnedillo.

LA MUERTE TENÍA UN PRECIO, 4.000 REALES.

Mendizabal, disponiendo del suficiente dinero, llamó a filas a todos los solteros de 18 a los 45 años, “la quinta de los cien mil hombres”, pero los movilizados no fueron tantos porque ideó que podían redimirse pagando al Tesoro la suma de 4.000 reales, de nuevo prestamistas y usureros hicieron el agosto, porque fueron muchas las familias que se empeñaron por vida con tal de que sus hijos no fuesen a la guerra. El refuerzo en hombres mejoró la situación de nuestras tropas y el dinero pagado por los que no se alistaban servía para cubrir las necesidades de los demás. A pesar de todo las pagas y el dinero necesario para un normal mantenimiento del ejército en campaña o no llegaba o no lo hacía a tiempo y de ello culpaba a Mendizabal.

1836. Las fuertes medidas de Mendizabal asustaron a los liberales moderados y quizás a la propia reina regente, y recobraron el Gobierno que fue presidido por Istúriz, del 15 de mayo al 13 de agosto de 1836.

1836. TENIENTE GENERAL

Por fin se cumple mi sueño. El 20 de junio de 1836 asciendo a teniente General pasando a dirigir como jefe el ejército del Norte.

1836. GENERAL EN JEFE DE LOS EJERCITOS NORTE

Caído en desgracia y desterrado Fernández de Córdoba, al considerarle parte de una conspiración urdida por los liberales moderados. Conocí en Frómista, por la prensa de Madrid y con diez días de retraso que un amplio movimiento dirigido por los progresistas, entre los que yo me encontraba, se tradujo en la aparición de numerosas juntas provinciales, Málaga, Cádiz, Sevilla, Granada, Zaragoza y el resto de capitanías del país. Como objetivo de todas: la proclamación de la Constitución gaditana de 1812. El 13 de agosto la reina regente María Cristina firmó el correspondiente decreto. El 14 queda formado el gobierno “progresista” de José María Calatrava quien me nombra el 17 de septiembre, general en jefe del ejército de operaciones del Norte, virrey de Navarra y capitán general de las Provincias Vascongadas.

Mendizabal regresa con la cartera de Hacienda Y Joaquín María López con la de Gobernación.

LA LARGA MARCHA DE MIGUEL GÓMEZ

Sabiendo a salido una expedición carlista al mando del brigadier Miguel Gómez a Galicia, en junio de 1836, para alzar a los carlistas de la zona, les persigo y tras hostigar continuamente su retaguardia le espero en Escaro, al norte de León a su regreso de Galicia, el 8 de agosto le infrinjo una severa derrota. Gómez con el resto de sus tropas

viendo que el camino de regreso al País Vasco lo tiene cortado se adentra en Castilla para dirigirse por Extremadura a Andalucía.

Enfermando a finales de agosto me veo obligado a detenerme en Lerma y dejo al mando del general Alaix la persecución de Gómez.

LA BATALLA DE LUCHANA

El 20 de octubre las fuerzas carlistas ponen nuevo sitio a Bilbao, el general San Miguel al mando de la guarnición resistía desde hace dos meses repeliendo tres duros asaltos. Recabando la opinión de mis generales para acudir en su ayuda y no viéndoles muy dispuestos, tomo la personal decisión de hacerlo, lo que todos acataron.

Nos acercamos, no sin problemas, a la vista de las posiciones que en los cerros de San Pablo, Cabras y Banderas, los carlistas mantenían dominaban los ríos Nervión y el Asúa. Para intentar lograr resultados positivos, reparamos el destruido puente de Luchana sobre el Asúa con lo que facilitamos el paso del grueso de las tropas.

La tarde del 24 de diciembre de 1836, de tempestad y fría, entablamos un encarnizado combate que se mantuvo incierto hasta el anochecer, sufrí en tan inoportunos momentos un terrible ataque o cólico al riñón, llamado mal de piedra, que me dejó postrado en cama, confié el mando al general Oráa. Informado cada minuto del dudoso éxito con que se desarrollaba la batalla, tan pronto remitió un poco el ataque monté a caballo y partí a galope para ponerme al frente de mis soldados, lo que a todos produjo una valiente reacción tomando nuevos bríos. Serían las once de la noche cuando me uní a las tropas de vanguardia, dos horas después alcanzábamos la posición clave del alto de Banderas envueltos en una formidable nevada, obligando a las fuerzas carlistas a retirarse precipitadamente hacia Erandio.

Siempre quitando hierro a las cosas, por no tenerla en vilo, escribí a Jacinta: “…A las tres de la noche, en medio de una nevada espantosa, la victoria estuvo de mi parte. Hoy, a las seis de la mañana, entré en Bilbao. No tengo más lugar; estoy rendido. Siempre tuyo, tu Baldomero”. Más que rendido estaba medio muerto, pero tan solo por el recibimiento de la guarnición sitiada de Bilbao, al verse libre de nuevo, mereció la pena.

CONDE DE LUCHANA Y VIZCONDE DE BANDERAS

La resonancia de tan señalada victoria alcanzó todos los ámbitos.

Me concedieron los títulos de conde de Luchana y vizconde de Banderas y de esta singular forma traspasé el umbral de la fama.

Los liberales, de nuevo, divididos en “moderados” y “progresistas” disputaban mi favor, cuando no me reclamaban como árbitro del país. Yo realmente no sabía que postura tomar, aunque siempre fui más progresista que moderado.

LA GUERRA CONTINUA. Entro en Madrid como héroe.

1837. Tras la liberación de Bilbao no di tregua al enemigo, me apoderé de Hernani, Oyarzun, Irún y Fuenterrabía en mayo de 1837, entrando en Pamplona el 3 de junio.

El 15 de mayo salía don Carlos de Estella, camino de Madrid, con 130.00 infantes y 1.500 hombres a caballo. Pensaba ir a través de Aragón y Cataluña a Valencia y de aquí a Madrid. En Cherta, pasado el Ebro se le unió Cabrera. Saliendo de nuevo el general Oráa tras ellos

fue mermando sus fuerzas de retaguardia sin descanso, inflingiéndoles grandes pérdidas.

Cerca de Chiva, Oráa les planto cara, ya a la vista de Valencia y de nuevo sufrieron un duro revés. Mientras tanto yo había salido para interponerme entre las fuerzas carlistas y Madrid esperándoles en Calamocha. Enterados de mi partida, otra expedición carlista al mando de Zaratiegui, que fue ayudante y un buen discípulo de Zumalacárregui, pretendía alcanzar Madrid. El 22 de julio me avisan ha pasado el Ebro vadeándolo cerca de Haro y entrado en Segovia el 4 de agosto, desde donde hostiga Torrelodones y Las Rozas. Madrid es declarada en estado de sitio.

Mientras, a marchas forzadas, entro en Madrid con mis tropas el 12 de agosto para organizar su defensa y emprender la persecución de Zaratiegui.

Al entrar en Madrid el pueblo me recibe como su salvador y las divisiones me aclaman. Esto desconcierta a los carlistas que quizás contaban con que parte de ellas se pasasen a su bando al igual que los madrileños y desvanecidos sus sueños el general carlista inicia la retirada. Al mes cuando llegó don Carlos a los aledaños de Madrid sus planes se vieron desbaratados al verse solos.

ME VEO COMPROMETIDO EN UN PRONUNCIAMIENTO

Noventa oficiales de la brigada mandada por mi incondicional amigo, Van Halen, acantonada desde nuestra llegada en Pozuelo y Aravaca, se niegan a seguir en sus puestos mientras no sea sustituido el Gobierno progresista de Calatrava, por otro más moderado. Yo no podía permitirme reprimir a mis propios compañeros y tropas y me acusaron no de estar a su favor, sino con ellos. Calificando su conducta de puro acaloramiento les inste a pedir el perdón de la reina, mientras otro amigo, el general Seoane arremetía en las Cortes contra los sublevados implicándome como promotor del pronunciamiento.

La verdad es que la gestión de Mendizabal, como ministro de Hacienda, no me gustaba nada ya que tenía abandonado al ejército del Norte en cuanto a su correspondiente dotación económica y con un exiguo presupuesto y el retraso en las pagas, quería que los planes militares se desarrollasen rápidamente. Así que realmente y en mi fuero interno aplaudía el pronunciamiento.

Todo acabó cuando saliendo el Gobierno de Calatrava, para intentar poner paz entre los liberales, la reina me elige a mí para que desempeñe la presidencia del Gobierno y el Ministerio de Guerra.

En este momento no me pareció prudente aceptar la presidencia del Gobierno y tan solo, por unos días acepte el Ministerio de Guerra. Con estas noticias escribo a Jacinta el 19 de agosto:



“Acepté la cartera de Guerra, pero no la presidencia; pero si se empeña la reina tendré que cargar con ella, y cátame generalísimo, ministro, presidente del Consejo y no sé qué más, sin desear yo otra cosa que mi casa, sin mandar ni que me manden; pero no pude evadir el compromiso”.



Pero si quería terminar la guerra no tenía tiempo para otras cosas y también rechacé el ministerio para hacer lo que mejor sabía, luchar.

DON CARLOS LLEGA HASTA MADRID

1836. Don Carlos llega a dar vista a Madrid desde Arganda, el 12 de septiembre, a la espera, según su plan, de que la reina llegase a una avenencia con él poniendo fin a la guerra, rumores que ya había oído, pero ya dueño de la situación y la reina más tranquila con el nuevo gobierno moderado, no iba a permitir que nadie privara de su trono a la pequeña Isabel, ni su propia madre. Así que por no tentar la suerte salí en busca de don Carlos, quien en la madrugada del día 13, día siguiente a su llegada, se replegó hacia el norte, Cabrera volvió a Levante y Zaratiegui se unió en Aranda de Duero al ejército del pretendiente y juntos se encaminaron al País Vasco. Yo les perseguía

sin descanso y en Aranzueque infligimos un descalabro a las tropas de don Carlos que aceleraron la retirada y aún las volví a alcanzar en Retuerta el 5 de octubre con nueva victoria.

En su larga marcha don Carlos se dio cuenta que su causa no encontraba más apoyos que los del territorio desde el que operaba, País Vasco y Navarra.

LA DIVISION DE LOS CARLISTAS

Tras el fracaso de su planeada entrada en Madrid, el desánimo cunde entre las filas carlistas, echándose la culpa unos y otros, todo ello da lugar a una seria división en dos partidos: los moderados o “transaccionistas” y los navarros o “apostólicos”, nada nuevo, de lo que lamentablemente entre las filas liberales ya sufríamos desde el Trienio Liberal del mismo mal, el cáncer que destruye los partidos políticos y las mejores ideas. Como nuevo mando, al frente de las operaciones militares, nombran al general Guergué, un “apostólico” o navarro.

NUEVOS FUSILAMIENTOS

Durante mi ausencia en Madrid, las penurias económicas por las que atravesaban nuestras tropas se agravaron, faltando hasta lo más elemental, comida, vestidos y calzado. Con esto, como motivo, se insubordinaron algunas tropas, entre otros, el coronel Iriarte y el comandante Barrientos.

Lo triste y trágico es que sin motivos asesinaron en Miranda de Ebro al general Ceballos Escalera, en Pamplona al general Sarfield y al coronel Mendivil y en Vitoria al gobernador Liborio González.

Mi reacción no se hizo esperar, controlando rápidamente la situación no me tembló la mano al firmar la sentencia de muerte de los responsables.

De mis particulares ahorros, y préstamos conseguidos con mi aval, se pudo reunir seis millones de reales que adelanté para poner remedio a la penuria de las tropas. De este estado de cosas es de lo que me quejaba amargamente sobre el lento proceder de Mendizabal para enviar los fondos necesarios que permitan un elemental mantenimiento de un ejército en combate, para que no se convierta en un ejército de saqueadores y asesinos.

ATAQUE A PEÑACERRADA

1838. Con mis mejores tropas ataco la posición carlista de Peñacerrada, su nuevo comandante en jefe, general Guergué está al mando de las mismas, pronto la victoria es nuestra y tomamos la zona.

Mi plan era, aprovechando nuestra buena moral, atacar directamente su corazón, la ciudad - capital carlista de Estella. En ello estaba cuando me llega la noticia de que mi general Oráa ha sido derrotado por el ejército carlista del bravo y móvil Cabrera.

Con esto mi idea inicial es muy peligrosa, porque en el sitio a Estella pueden los de Cabrera atacarnos por retaguardia y machacarnos entre unos y otros, así que por el momento desisto.

GUERGUÉ ES DESTITUIDO

Todas las batallas tienen posteriores consecuencias. La derrota de los carlistas en Peñacerrada puso las cosas muy mal para su nuevo general Guergué y en Estella se producen tan graves desordenes que don Carlos se ve obligado a destituir a Guergué.

RAFAEL MAROTO EL GENERAL DE LA PAZ

No tuvo peor idea don Carlos, magnífica para mí, que pedir al general Rafael Maroto, un liberal moderado que permanecía desterrado en Burdeos, se haga cargo del ejército carlista, lo que aceptó. Yo no podía salir de mi asombro, porque Maroto había sido, y aun lo era, mi amigo y compañero de armas y de tantas aventuras y desventuras vividas durante los diez años que pasamos en Perú, uno de los “ayacuchos”.

No perdí tiempo, y a través de Martín de Echaide, “el arriero de Bargota” (Navarra), que dedicado a traer y llevar mercancías entre uno y otro bando, nadie se lo impedía, propuse a Maroto que teniendo en cuenta lo inútil de proseguir guerra tan sangrienta, ya perdida por su bando, y mi buena voluntad de llegar a una paz justa y honrosa para sus valientes tropas y el pueblo de Navarra y País Vasco que había defendido unas ideas, para ellos justas, me expusiera sus condiciones para llegando a un acuerdo entre ambas partes concertarla.



1839. A Maroto, en principio, mi propuesta le parece justa y razonable, ya que conoce muy bien la difícil situación y escasas posibilidades de las tropas carlistas, por lo que acepta seguir el diálogo que nos lleve a poder establecer una paz digna y honrosa para los suyos, que dicho sea de paso siguen luchando con valentía.

Lamentablemente, y de algún modo, alguien filtra la noticia de los secretos mensajes a un general carlista “apostólico”, quien con otros se conjuran para eliminar a Maroto, quien para desgracia de los conjurados, puesto al corriente del intento, desenmascarados son apresados y fusilados.

Don Carlos, que parece ser siempre el último en enterarse de las cosas que ocurren en su ejército, casi corta sus relaciones con el general al saber lo ocurrido.

NUEVOS ATAQUES

Junio de 1839. La guerra continúa y, ya algo nervioso ante la lentitud de las conversaciones de paz, lanzo un fuerte ataque a unas posiciones fortificadas que los carlistas creían inexpugnables y desde las que lanzaban continuas expediciones a diferentes lugares de la costa cantábrica. Se trata de las de Ramales y Guardamino. Los carlistas son derrotados y los supervivientes se retiran de la zona de Santander.

1839. DUQUE de la VICTORIA, GRANDE de ESPAÑA

En reconocimiento a estas victorias me otorgan la Grandeza de España de primera clase con el título de duque de la Victoria.

1839. Reorganizado mi ejército en agosto atacamos de nuevo otros importantes puntos defensivos. Derrotados, nuestras fuerzas los arrojan de Villarreal de Álava y Sierra de Arlabán, con esto el ejército carlista del Norte queda sentenciado, Maroto ante los hechos activa nuestros asuntos.

1939. EL ABRAZO DE VERGARA

Tras arduas y fluctuantes negociaciones, llegamos al Convenio de Vergara, ratificado en esta villa el 31 de agosto de 1839 y refrendado por el espectacular y emocionante abrazo entre Maroto y yo y el resto de los jefes y soldados que allí nos encontraron, de ambos bandos; Al pié del histórico y sencillo documento, de tan solo diez artículos, puse mi firma junto a la de Rafael Maroto.

En virtud del Convenio, protestado por don Carlos y sus más fieles partidarios ya refugiados en Francia, me comprometía a recomendar al gobierno de la reina el cumplimiento de su oferta de proponer a las Cortes la confirmación de los fueros del país Vasco y Navarra.

Escribo a mi esposa:

“Mi querida chiquita: No tengo lugar para nada; el día de hoy

ha sido de gloria. Es todo tuyo tú Baldomero”



1840. EL FIN DE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA

1840. Cabrera, el tigre del Maestrazgo, continuaba defendiendo la causa de don Carlos en esta región y Cataluña. Un poco cansado ya de los carlistas, decido ponerme al frente de las tropas isabelinas y terminar de una vez.

Tras una serie de escaramuzas, comete la imprudencia de presentar batalla, el 30 de mayo lo derroto en Morella. Mucha de las joyas incautadas, encontradas en su poder, las regalo a la parroquia de Cenicero, como compensación a los daños causados durante el ataque de las fuerzas carlistas de Zumalacárregui a esta heroica villa riojana.

El infatigable Cabrera ha logrado reagrupar cuantos soldados le quedan, en Berga tiene lugar una nueva batalla y nueva victoria de mis tropas, no logramos hace prisionero a Cabrera que huye acompañado por numerosos seguidores internándose en Francia. Era el 6 de julio de 1840.

1840. LLUVIA DE CONDECORACIONES

Dando por terminada la sangrienta guerra civil por la sucesión al trono de la corona de España, me llueven las condecoraciones, aún de lugares o países que no sé que tienen que ver con lo sucedido. Mi duro carácter y falta de humor, estos días cambia y es tan bueno que me río comentando con mi chiquita, alegre como las castañuelas por verme en casa, algunas de las mismas:

Desde Inglaterra, su reina Victoria me distingue con la gran cruz

de la Orden del Baño, mi esposa se ríe y dice no puede entender como esta reina se había enterado tan pronto de lo sucio que he vuelto.

El rey francés, Luís Felipe de Orleáns, con el gran cordón de la Legión de Honor, sigue las broma porque dicen es para atarme el batín de la Orden del Baño.

La reina de Portugal, María de la Gloria, con la gran cruz de la Orden de la Torre y de la Espada (esto está bien porque mi espada había quedado mellada después de tantos combates).

Y hasta el rey Guillermo II de Holanda, país que ni intervino, como los anteriores, en la cuádruple alianza, en lugar de unos buenos quesos, la cruz de la Orden de la Encina, o bien sabía de mi afición por los árboles, o que en ocasiones de mi vida sus bellotas, escondido de los franceses y huyendo de bosque a bosque, sirvieron para mitigar el hambre.

Hasta algún poeta, como Alberto Lista me dedicó unos versos, seguramente sabiendo lo mal que yo los componía por ver si aprendía algo:

Huyó el usurpador. Himno de gloria
resuena alegre en la afligida España,
y el lauro de victoria
enjuga el llanto acerbo que la baña.
Merced al héroe, cuya invicta espada,
en mil trances sangrientos vencedora
con la oliva sagrada
se enlazó de la paz que el hombre adora.
Su voz que al fiero cántabro aterrara,
oh, Luchana, en tus campos funerales,
oyó absorta Vergara,
sepulcro de los odios y los males.

Y ya para finalizar soy nombrado “pacificador de España”.

1840. CAMINO DEL PODER

S. M. la Reina Gobernadora, María Cristina, el 16 de septiembre de 1840, me nombra Presidente del Consejo de Ministros, tras los sucesos que les contaré y que dan un giro total a su vida y la mía.

LA POLÍTICA. NIDO DE PELIGROSOS ENEMIGOS

Desde la paz y tranquilidad de mi retiro, reflexiono y comprendo que hay una diferencia total entre la noble lucha en los campos de batalla, donde siempre sabes con el enemigo al que te enfrentas, tanto cuando ataca como cuando se defiende, y la política. En política nunca sabes donde se encuentra el enemigo, nunca dan la cara, andan disfrazados y ocultos, siempre buscando el momento y la forma de apuñalarte por la espalda, dejándote mal herido si no han podido matarte. Y lo más triste, aquellos que tienes como amigos suelen ser los más peligrosos y encarnizados. Valentía, nobleza, heroicidad, sinceridad, patriotismo, austeridad etc., son valores que en política no existen, donde la mentira, el cinismo, la ambición particular la vil astucia y todo cuanto de malo encierra el ser humano viven y conviven como cocodrilos en aguas cenagosas, por lo que cualquier noble persona que se adentra en tan peligrosas aguas, pronto desaparece entre remolinos entre las fauces y la vorágine de sus depredadores.

Cegado de vanidad, teniéndolo todo, una incomprensible ambición me llevó a aceptar el nombramiento.



COMO OCURRIERON LAS COSAS

1840. La lucha política continúa entre liberales “moderados” y “progresistas” por el control del poder, que lo ejerce quien consigue mayoría de diputados en Cortes.

Como los progresistas tenían en los ayuntamientos de los pueblos su principal fuente de votantes, luchaban, yo entre ellos, para que los cargos de alcaldes, concejales, etc., fuesen elegidos en votación libre y democrática por sus habitantes, de acuerdo a lo establecido por la Constitución, lo que venía ocurriendo.

Todos sabían, incluida María Cristina, que mi verdadero sueño y único deseo, era retirarme un día a Logroño, presentarme al cargo de alcalde y serlo, si los vecinos así lo decidían con sus votos.

Naturalmente, esto para los liberales moderados no servía, porque al convocar nuevas elecciones, podían perder su mayoría en Cortes y por lo tanto el Gobierno. No se les ocurrió, mejor idea, que aprovechando su mayoría en Cortes al terminar la Guerra Carlista, introducir, en contra de la Constitución, una “nueva” Ley de Ayuntamientos, por la cual tanto el alcalde como el teniente de alcalde serían nombrados “a dedo” por el Gobierno.

LA INCONSTITUCIONAL LEY DE AYUNTAMIENTOS

A la nueva Ley de Ayuntamientos aprobada por el Congreso y el Senado, solo la faltaba la correspondiente sanción real para que pudiera entrar normalmente en vigor, es decir, tan pronto la Reina Regente María Cristina la firmara. Yo que hasta entonces me guié por el lema - Constitución de 1837, trono de Isabel II, regencia de Cristina- pedí a ésta no firmara el escrito, incluso nos entrevistamos aprovechando el viaje que la reina madre hacía a Barcelona acompañando a la pequeña Isabel II, que debía tomar los baños termales en Caldas y los de mar por prescripción de sus médicos. Este era el motivo por el que la Corte emprendió, el 11 de junio, el viaje a Barcelona.

En esta ocasión mi esposa Jacinta, distinguida con la concesión de la banda de Damas Nobles de María Luisa y el nombramiento de dama de la pequeña Isabel II, acompañaba a madre e hija en este viaje.

A la llegada y paso de la Corte por Zaragoza, una de las etapas del viaje, las vivas muestras de simpatía que le prodigaron a Jacinta las clases populares de esta ciudad, que me tenían por su héroe, aprovechando para vitorearme en su persona, debió molestar y preocupar algo a la reina a la que recibieron más bien fríamente y sobre todo a sus acompañantes.

Mientras terminaba la campaña de Cataluña contra los dispersos restos del ejército carlista que Cabrera reunía cerca de Berga, nuevos nombramientos, general en jefe del ejército de Cataluña, duque de Morella y comandante general de la Guardia Real llegaron, ya sin duda tratando de llevarme al bando de los moderados y apoyar con mi ejército su causa, porque presumían que de firmar la Reina Regenta la Ley de Ayuntamientos, los progresistas iban a levantarse en toda España.



MIS ENCUENTROS CON CRISTINA. LA TRAICIÓN

El primer encuentro con Cristina fue en Lérida, pero más preocupado por recibir y atender a mi querida esposa y urgentes problemas que en el campo de batalla me reclamaban, no me permitieron tratar profundamente tan preocupantes temas, dejamos lo más espinoso de estos asuntos para unos días después.

Al regreso el 4 de julio victorioso de mi definitiva acción de Berga contra Cabrera y huido este a Francia, en Esparraguera, donde María Cristina me espera, ya sin rodeos, le manifiesto la imperiosa necesidad de cambiar el gabinete ministerial y negar la sanción regia a la Ley de Ayuntamientos. Se avino a mi primera recomendación pero no me dio su palabra sobre lo segundo, pretextando no le habían presentado el texto “oficialmente” para la firma. No podía creer que Cristina, algo más que la regente para mí, por la que hubiera dado mil veces la vida, en este momento me traicionara. De unas cosas pasamos a otras y nos separamos como un matrimonio tras el divorcio, casi el mutuo amor que nos profesábamos convertido en odio.



14 de julio. Cuando en Barcelona le presenta Pérez de Castro el documento para que firmase su aprobación, en un acto de vacilación arrojó la pluma sobre la mesa, el jefe del Gobierno don Evaristo Pérez dijo:

-¿Quién representa aquí al rey, V. M. o el general Espartero? - lo que preguntó con notoria impertinencia -

Herida en su amor propio, tomó por segunda vez la pluma, que en esta ocasión, al haberse vaciado por el golpe, no dejó huella y tomado como una fatal premonición María Cristina volvió a dejar la pluma. Don Evaristo la limpió cuidadosamente en su levita, la mojó en tinta, probó que escribía correctamente y devolviéndola a la reina dijo con ironía:

- Señora, mi levita es más poderosa que la espada del general Espartero.

Finalmente firmó, pero ni ella ni aquel irónico Evaristo, sabían muy bien el alcance de lo que acababan de hacer ni lo poderosa que en realidad era mi espada.

MI RENUNCIA A TODOS LOS CARGOS

Enterado de lo ocurrido, fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida, significaba romper con tantas cosas por las que había luchado. Despechado, indignado y traicionado por la persona en la que tenía puestas todas mis esperanzas, presenté a la reina, a través de sus ayudantes, la renuncia a todos mis grados, empleos, títulos y condecoraciones, lo que corrió de norte a sur de España como reguero de pólvora. María Cristina no la admitió, hizo mal porque mi indignación aumentaba por momentos.

El día 18 estallaba en Barcelona un motín contra la Ley, la reina no tiene más remedio que encargarme el restablecimiento del orden, lo que resuelvo con prontitud y tras constituir, a petición mía, un Ministerio progresista se traslada con la Corte a Valencia el 24 de agosto. Creída a salvo, nombra de nuevo un Gabinete “moderado” presidido por Modesto Cortázar, con lo que, incomprensiblemente, es una nueva traición a mi persona y a los “progresistas”.



1840. ESTALLA LA REVOLUCIÓN

En Madrid, el 1 de septiembre estalla la revolución que se propagó a casi todas las provincias.

En Logroño el “pronunciamiento” se produce el 6 de septiembre, su Alcalde Constitucional Ecequiel Lorza reúne “a las personas más notables de este vecindario” y en Sesión extraordinaria acordaron

“por unanimidad” adherirse al pronunciamiento de Madrid, con las mismas bases de representar a S. M. la Reina Regente,… para que no se menoscabase en lo más mínimo la Constitución d 1837, que todos habían jurado, y se proponían sostener, hasta con sus vidas”.

Naturalmente en Logroño, junto a su alcalde se pronuncia toda la familia de mi querida Jacinta, que ahora, más que nunca, también es la mía.

ME NIEGO A CUMPLIR LAS ÓRDENES DE LA REINA

Recibo una carta autógrafa de la reina en Cataluña en la que me ordena salga con fuerzas suficientes para sofocar la agitación de Madrid, es increíble, ya para entonces mi lema, “trono de Isabel II, reina regente y Constitución”, no tenía sentido al incumplir Cristina con la Constitución, en mi pensamiento se hacía paso otro:

“Cúmplase la voluntad nacional”

Por primera vez me negué a cumplir una orden, contesté diciendo que “no estaba seguro de que las tropas quisieran batirse contra el pueblo”.

PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Ante la extensión de la “revolución”, Cristina no ve otra solución que entregarme el Gobierno, siendo elegido Presidente del mismo el 3 de octubre. Formo un gabinete de progresistas de la línea “central” y entre varios Decretos que publico, uno anula la ley municipal, otro amplia la Milicia Nacional y convoco elecciones. Esto con la imposición a María Cristina de compartir la regencia con una o más personas políticas, obligó a la humillada regenta a presentar el 12 de octubre en Valencia su renuncia al cargo, saliendo hacia París, donde viviría, tras su secreto matrimonio morganático celebrado a los tres meses de fallecer el monarca, con Fernando Muñoz, apuesto guardia de Corps hijo de los estanqueros de Tarancón, y los numerosos hijos que la viuda de Fernando VII, María Cristina, había tenido, con el mismo secreto en Madrid, enviados a Francia, al poco tiempo de cada nacimiento, tan pronto la salud de los niños no peligraba.



REGENTE DE ISABEL II

Con ello terminó mi relación con Cristina, aquella guapa mujer a la que se le atribuía la frase: “creo en Dios y adoro en Espartero”. Lo que sí me dejo fueron las niñas a mi cuidado, a la joven Reina Isabel II y a su hermana Luisa Fernanda.

A JACINTA

Escribo a Jacinta . . . Confío en que he de consolidar el trono de Isabel, la Constitución jurada, la prosperidad e independencia de mi patria, y que aún me ha de conservar Dios algunos años de vida, después, para emplearla en plantar árboles en la Fombera y mejorar a Logroño como un simple ciudadano, que es lo que ambiciona tu Baldomero.

1841. REGENTE DEL REINO

1841. El 8 de mayo me proclaman, como duque de la Victoria, regente del reino con tratamiento de Alteza.

Pero desde París, María Cristina conspira, junto a muchos enemigos que en esta ciudad he obligado a buscar refugio.

EL JOVEN MILITAR LUCIANO MURRIETE EN MADRID

Una de las pocas alegrías de aquella época de pesadilla, fue encontrarme al joven Luciano Murrieta en Madrid como oficial de Dragones. Inmediatamente pasó a mi servicio como ayudante de campo.

Tenía el joven Murrieta 19 años y prácticamente no había convivido con sus padres ya que me contó se trasladaron a Londres, donde tenían familia bien situada, al poco tiempo de producirse la independencia de Perú. El se quedó a vivir en compañía de su tío el general Rivero. Este ambiente contribuyó a elegir la carrera de las armas y viajando a España se alistó en el regimiento de Dragones donde yo le encontré.

Desde ese día, Murrieta me acompañó hasta el fin de mis días y pude vivir lo suficiente como para verle triunfar en lo que realmente amaba, el mundo de los vinos, y disfrutar muchos, pero muchos días de lo fantásticos Riojas que elaboraba, lo que me permitía olvidar los pasajes más tristes y negros de mi vida, recordando tan solo sus más alegres y gloriosos momentos, tal milagro hacían las mágicas botellas que Luciano guardaba con mimo, en principio en mi bodega y más adelante en su bonita finca Ygay.



1841. OTRO TRISTE EPISODIO Y FUSILAMIENTOS

El 7 de octubre, una conjura de “moderados” asalta el palacio en el que se encuentran las pequeñas Isabel y Luisa Fernanda, en un intento de apoderarse de ellas, llevarlas junto a su madre y proclamar de nuevo la Regencia de María Cristina.

La orden la dio O´Donnell a los generales Manuel Gutiérrez de la Concha (cuyo hermano José Gutiérrez de la Concha, ambos nacidos en Córdoba de Tucumán, Argentina, se había casado el 28 de mayo con Vicenta, la hermana de mi mujer), al general Diego de León y al general de la Pezuela. Diego cayó prisionero y considerando la gravedad de lo ocurrido, un consejo de guerra lo mandó fusilar, al igual que a otros sublevados como Borso de Carminati y Montes de Oca en Zaragoza. Diego de León, mi compañero en las guerras carlistas solicitó la gracia del indulto, que como regente podía concederla, a su petición se unieron otras muchas personas y oficiales, pero de hacerlo dejaba en evidencia al propio general Capaz, que presidiendo el consejo de guerra, decidió el desenlace con su voto, dando pié, ya no temiendo por sus vidas, a que cada mes o semana se repitiesen sucesos parecidos. Pienso que tomé una equivocada y cobarde decisión, igual a la de cualquier dictador asustado, y aquellos hombres fueron fusilados. Con ellos perdí a miles de amigos y compañeros y a sencillas gentes del pueblo, para quienes dejé de ser su héroe, no pudieron entender nunca mi actitud, y el noble y valiente soldado, para muchos hasta entonces, se convirtió en un asesino sin piedad. O´Donnell y Narváez, cabezas del pronunciamiento de Madrid, que se extendió a Vitoria, Bilbao, Pamplona y Zaragoza, encontraron refugio en París junto a María Cristina.

LA SUBLEVACIÓN REPUBLICANA DE CATALUÑA

1842. En noviembre se produce la sublevación republicana de Cataluña. Personalmente me pongo al frente de las tropas, partiendo de Madrid para sofocarla. Al llegar disolví la Junta de Vigilancia que demolían la Ciudadela, levantada por Felipe V, con el pretexto de ser un símbolo de la opresión centralista.

La Milicia Nacional había hecho causa común con los insurrectos y se habían enfrentado con las fuerzas del ejército de guarnición en Barcelona. La ciudad en manos de los extremistas no se aviene a su rendición. Desde el castillo de Montjuich ordeno abrir fuego contra la ciudad el 3 de diciembre y por estos medios, indiscriminados, domino la sublevación. Dejo a otro fiel ayacucho como gobernador de la plaza, el general Seoane.

Antes los últimos acontecimientos, las Cortes clamaron por un cambió del Gobierno, acusando a González de imprevisor. No encontrando nada mejor, cambié en el Gobierno a González por un hombre de mi total confianza, otro general “ayacucho”, el marqués de Rodil. El 16 de julio se cerraban las sesiones de las Cortes, Rodil no tenía demasiados apoyos, hasta el punto que un periódico “progresista”, El Eco del Comercio, calificaba de “inválidos del siglo XVIII” a sus ministros, si esto escribía “uno nuestro” imaginar que decía la prensa de la oposición o “moderados”.



DISOLUCIÓN DE LAS CORTES

1843. La campaña desatada contra los ayacuchos me obliga a la disolución de las Cortes el 3 de enero, convocando las próximas para el 3 de abril. Este mínimo respiro de poco me sirvió. En las nuevas los partidos de la oposición consiguen la mayoría y obligan a la dimisión de Rodil, sustituido por Joaquín María López el 9 de mayo (un progresista puro, segundo grupo en importancia en el parlamento, tras los progresistas legales de Cortina, el primero). El nuevo Gobierno me propuso la amnistía de los moderados, que yo sabía conspiraban desde Francia con Narváez a la cabeza, organizador de la Orden Militar Española, mitad orden de caballería, mitad sociedad secreta, en la que se cobijaban mis enemigos, prefiriendo tenerles a la vista, acepté.

El nuevo presidente del Consejo me pidió retirar de su mando a mis generales Linage, Seoane y Zurbano, a lo que me negué rotundamente, López presentó su inmediata dimisión. Tan solo habían transcurrido siete días de haber constituido Gobierno. Se formó otro bajo la presidencia de Álvaro Gómez Becerra. Los amigos en los que confiaba, Olózaga, López y Cortina, todos liberales de diferentes ramas escindidas de los progresistas, terminaron por unirse a los moderados, con el fin de restaurar al Gabinete López y obligarme a seguir escogiendo el primer ministro de entre los miembros del partido mayoritario. Sin duda me había convertido, junto a mis amigos, sin darme cuenta en un peligroso enemigo común.

LA REVOLUCIÓN DEL 43

1843. En la sesión de Cortes del 20 de mayo, Olózaga ataca a la camarilla que me rodea en un celebrado discurso del que recojo estas palabras:

“… Un estorbo se ha puesto entre el Regente y el país, y ese estorbo es un hombre (Linage) cuya conservación ha sido causa de la caída de los pasados ministros. Escoja el Regente entre ese hombre y la Nación entera. Y ¡ay del que se entrega en manos de ánimos turbados y de consejeros trémulos! Y ¡ay, también, del Regente que se acoja a semejantes consejos! ¡Dios salve al País! ¡Dios salve a la Reina!”.

Anteriormente Prim, diputado por Barcelona, en otra sesión de Cortes se había manifestado de parecida manera reprochándome haber admitido la dimisión del Gobierno de López “sólo para que se conservan en los puestos que ocupan determinadas personas”.

Terminando mayo y durante el verano del 43 se inicia un nuevo pronunciamiento “civil” o revuelta que el manifiesto de la recién constituida Comisión de gobierno en Málaga lo resume:

“Declarándose independiente del Gobierno de Espartero mientras éste no estuviera formado por el Gabinete López y se pusiera en ejecución su programa”, que como premisas fundamentales contemplaban una amplia ley de amnistía y la venta de bienes nacionales.

Y en esta ocasión hasta la ciudad de Logroño se suma al alzamiento, eso sí, sin mencionar mi nombre en la proclama que dirigen a los logroñeses el 1º de julio:

“Para combatir abiertamente la situación creada por unos españoles desnaturalizados” y “derrocar el poder opresor de estos tiranos y en apoyo de la Constitución de 1837, del Trono Constitucional de Isabel II, de la independencia nacional y del aplaudido programa del ministro López”.

En resumen, España entera se levantó, en principio, contra mis fieles generales ayacuchos.

Pero la revuelta llega a los militares que se sumaron al alzamiento, comenzando Barcelona el 6 de junio constituida una Junta suprema de gobierno, me deponían y nombraban al general Serrano, ministro de Guerra, que lo fue con el gabinete López, ministro universal.

En Valencia desembarcó Narváez, junto con otros oficiales exiliados, y su Junta revolucionaria les prodigó una recepción entusiasta.

De Madrid salgo con tropas suficientes de las divisiones de Seoane y Zurbano, que habían regresado con sus soldados de Cataluña al no haber podido controlar el levantamiento en esa zona, y de la división de Van Halen, que se encontraba en Sevilla intentando contener la sedición, con la idea de enfrentarme a Narváez esperándole en Albacete, deteniéndole en su camino a Madrid.

De Sevilla recibo noticias de la difícil situación en la que se encuentra Van Halen, confiado en la defensa de Madrid por las tropas al mando de mis fieles Seoane y Zurbano, salgo hacia Sevilla para controlando la zona, regresar a Madrid con más soldados, cogiendo por la retaguardia a Narváez.

Ya a las puertas de Sevilla, puesta en sitio, me llega una tristísima y desmoralizadora noticia, mi “fiel” Seoane que el 23 de julio, saliendo al encuentro de Narváez se encontraron en Torrejón de Ardoz, me había traicionado, y uniendo sus tropas a las de Narváez entraban en Madrid. El general Zurbano, un riojano nacido en Varea, y gran amigo, ante los hechos consumados nada pudo hacer y no secundando a Seoane pudo refugiarse en Portugal, la reina le indultó y regresó a Logroño para poco después dar su vida por mí, lo que les contaré.

1843. CAMINO DEL DESTIERRO EN LONDRES

Ya la capital perdida y España entera sublevada, todo había terminado. Acompañado por unos pocos, de entre los más fieles amigos, el general Van Halen, mi secretario el coronel Gurrea y el joven Luciano Murrieta mi ayudante de campo, entre ellos, nos dirigimos al Puerto de Santa María embarcando con destino a Inglaterra a bordo del vapor Betis. Del Betis pasamos al navío inglés Malabar con el que llegamos a Lisboa, transbordando al vapor de la marina inglesa Prometheus, En el Habre recogimos a mi esposa Jacinta, que avisada de lo ocurrido había partido de Logroño para reunirse con nosotros en este lugar, y todos juntos llegamos a Londres donde fuimos recibidos en un ambiente de gran cordialidad.

1843. MI MANIFIESTO DE PROTESTA

Sin duda ofuscado por los acontecimientos, y por mi soberbia, ya a bordo del vapor Betis, el 30 de julio de 1843, redacté un escrito de protesta contra la rebelión que me obligaba a abandonar el país sin la preceptiva autorización de las Cortes, dado que mi regencia no debía terminar hasta el 10 de octubre de 1844, fecha en la que Isabel cumpliría 14 años y era la edad en que la Constitución establecía su mayoría.

1843. ME RETIRAN TÍTULOS, GRADO, EMPLEO, HONORES…

“Artículo único: Se declara a D. Baldomero Espartero, y a cuantos han suscrito la protesta de 30 de julio último, privados de todos sus títulos, grados, empleos, honores y condecoraciones.

Dado en Madrid a 16 de agosto de 1843.- Joaquín María López.-Mateo Miguel de Ayllón.- Francisco Serrano.- Joaquín de Frías.- Fermín Caballero”.

FIN DE UN AMARGO CAPÍTULO

Esto cerraba el capítulo más amargo de mi vida, atrapado en la maraña de la política caí desde el cariño de un pueblo a su odio, de la pasión de unas tropas y oficiales que me veneraban a su traición y desprecio, de mis ascensos, conseguidos tras haber luchado toda una vida exponiendo mi vida en cien batallas, ya ni soldado de mérito, los títulos y Grandezas de España volaron como hojas en el viento al igual que mi posición social y hasta muchos, entre los buenos amigos y familiares de Logroño, en estos momentos me dieron la espalda. Del árbol caído todos hacen astillas. Por un momento pensé pegarme un tiro, pero la sola presencia de Murrieta o mi “chiquilla”, Jacinta, apartó de mi tan trágico pensamiento. La vida, en cualquier circunstancia, merece continuarla porque siempre encontraremos nuevas cosas con la que llenarla.

EL EXILIO

1844. La vida en el exilio de Londres transcurre pacífica y tranquila. Conocida mi afición por las plantas y sobre todo los árboles, tanto frutales como de ornamento, las sociedades botánicas me ofrecen un puesto entre sus miembros.

La soberana inglesa, la reina Victoria, nos invitaba a su mesa ofreciéndonos alojamiento nocturno en el palacio de Windsor, los duques de Wellington, bajo cuyo mando luché en batallas de la Guerra de la Independencia, nos brindaron su amistad, al igual que lord Palmerston y el Gobierno inglés llegó a ofrecerme una pensión de cuatro mil libras, lo que dignamente rechace. Me quedó tan poco que al menos la dignidad quise guardar.



1844. LOS PROGRESISTAS CAVAN SU TUMBA

Los propios “progresistas” en España habían cavado su tumba. Me habían cambiado por el general de los “moderados” Narváez, quedando el ejército en sus manos. Pronto hicieron caer el gobierno de Joaquín María López, a quien tanto querían y aplaudían, como el de su sucesor el también progresista Olózaga. Proclamada la mayoría de edad de Isabel II, firmó un decreto por el que se disolvían las Cortes, a partir de este momento los moderados se hicieron con el poder durante los siguientes diez años. Bajo la férrea mano de Narváez.

1844. EL SACRIFICIO DE ZURBANO Y SUS HIJOS

Este general y fiel amigo, prepara una proclama, dejándose llevar por su espíritu romántico henchido de devoción hacia el jefe vencido y humillado, lo que le honra, enterado Narváez le escribe para disuadirle una enérgica carta de advertencia:

“Le aconsejo desatienda las sugerencias apasionadas de sus adeptos y no sustente en su pecho las ilusorias esperanzas que de continuo le da el proscrito de Londres, a quien ciegamente obedece, conducta que yo aplaudo porque justifica su lealtad y su consecuencia; pero tenga V. entendido que le precipita, y por esta razón le doy aviso en tiempo oportuno”, la carta ya aparte la diplomacia termina duramente con estas palabras:

“Si este sincero consejo mereciese, aun cuando no lo espero, el desdén de V., desde ahora le advierto que, lanzado a la insurrección y una vez asegurado mi triunfo, no doy cuartel ni a V. ni a sus compañeros”.

LA PROCLAMA DE ZURBANO

El 11 de noviembre de 1844 se lanza a la rebelión con ochenta hombres, esperando el apoyo de otros esparteristas, y difunde desde Nájera una fervorosa proclama redactada en estos términos:

“Soldados y camaradas: Vamos a combatir por cuarta vez al despotismo; vamos a hundir para siempre ese azote de la humanidad, mil veces peor que el que con sangre liberal ahogasteis en los campos de Navarra. Creedlo, soldados; una nación aherrojada que gime bajo la opresión más funesta; sin derechos, sin libertad, sin porvenir; conculcado el código venerando que a costa de arroyos de sangre plugo al cielo concederla, es lo que tenéis a la vista; una pandilla bastarda es la árbitra de los destinos e intereses de esta magnánima nación tan noble como valiente.

Soldados y nacionales: Uníos a mis filas, que, siempre el primero en los peligros, os conduciré orgulloso a la victoria. Soldados todos de la libertad; viva la Constitución; viva Isabel II; viva la Junta Central; viva el general Espartero; viva la independencia nacional.

Nájera, 13 de noviembre de 1884.-- Vuestro general y camarada,

MARTÍN ZURBANO”

FRACASA EL LEVANTAMIENTO

Fracasado el levantamiento, antes de alcanzar la frontera fue hecho prisionero, conducido a Logroño y fusilado en esta ciudad el 21 de enero de 1845, en la explanada junto al convento de Valbuena, suerte que ya habían corrido sus dos hijos Feliciano y Benito, que junto a su padre participaron en el alzamiento.

1845. MATRIMONIO DE ISABEL II

Austria, Inglaterra, Francia y Dos Sicilias, junto a otros candidatos españoles, aspiran a que el futuro esposo de Isabel II (rey consorte), fuese de su estirpe.

Finalmente se eligió a don Francisco de Asís Borbón, primo de la reina.

Francia consiguió al menos que la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda, se casara con don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, quinto hijo del rey de Francia Luís Felipe.

1846. EL CUÑADÍSIMO DE ESPARTERO

1846. El cuñado de Espartero, José Gutiérrez de la Concha, casado con la hermana de Jacinta (por parte de madre) era el encargado de Narváez para sofocar los levantamientos militares progresistas o esparteristas, ya en la desgracia de nuevo unidos, como el de Galicia en abril de 1846. En esta ocasión, tras vencer a los sublevados, mando fusilar en Carral - La Coruña, al comandante Miguel Solís junto a otros doce oficiales. Por tan heroica acción fue ascendido a teniente general.

LA BODA DE LA REINA ISABEL II

1846. El 10 de octubre la reina de España Isabel II, se casa, a los 16 años, con su primo Francisco de Asís hijo de su tío el infante don Francisco de Paula (hermano del difunto Fernando VII y el pretendiente Carlos). Al mismo tiempo se celebra la boda de su hermana la infanta Luisa Fernanda con el duque de Montpensier, quinto hijo del rey de Francia Luís Felipe.

SEGUNDA GUERRA CARLISTA

1846-48. A raíz del matrimonio de la reina estalla en Cataluña la segunda guerra carlista, promovida por el conde de Montemolín, que pretendía casarse con Isabel, al ver fracasadas sus aspiraciones.



LA GUARDIA CIVIL

Bajo Narváez, siempre buscando drásticas medidas para mantener el orden crea la Guardia Civil. Se encargó de ello al duque de Ahumada. Sustituyó al cuerpo de Salvaguardias reales, creado en 1833, y su origen se remonta a la antigua Santa Hermandad.

Se dedicaban a perseguir a los malhechores, a mantener la seguridad en los caminos y el orden en las poblaciones. Se dividía en dos clases: de infantería y caballería.

FIN DEL EXILIO

1847. El 3 de septiembre, siendo presidente del Consejo don Joaquín Francisco Pacheco, el más representativo de los puritanos (grupo desgajado del partido moderado en las Cortes), expedía Isabel II un decreto designándome senador del reino. Este mismo año me nombran embajador extraordinario y plenipotenciario cerca de la reina Victoria en Inglaterra, lo que declino para volver a España tras más de cuatro años de destierro.

LONDRES (THE HONNEST MAN- El hombre honrado)

En principio nos alojamos en Fonda de Mivart. Nos solía acompañar mi secretario coronel Gurrea, el general Van-Halen, el joven Murrieta, cuando no estaba con su familia y siempre amigos y admiradores que venían a verme y traer noticias. Pero los meses pasaban y el alojamiento e invitaciones diarias en la Fonda - Hotel de Mivart resultaban caros para nuestra situación. Por ello decidimos trasladarnos a una linda casa de arquitectura gótica, llamada “Abbey Lodge”, situada en un barrio llamado el Parque del Regente, retirada la casa de la capital, tenía un hermoso jardín, cuyo cultivo y cuidados eran unas de mis ocupaciones diarias favoritas. Ya comenté que me hicieron miembro de honor varias asociaciones botánicas, así como otras lo hacían con Jacinta, duquesa de la Victoria, ya que a sus atractivos naturales unía los de una rara ilustración en una mujer de su época.

Con Luciano, que se iba aficionando a los temas agrícolas, tenía largas conversaciones sobre los viñedos de La Mancha, la tierra donde nací y los de Burdeos en Francia, donde me impresionaron el Château o bodega de campo, en los que elaboraban los exquisitos vinos a los que tan aficionadas eran las clases nobles inglesas y que cada vez apreciábamos más Murrieta y yo. Maravillas escondían la bodega de nuestro buen amigo Wellington, y contando batallas contra los franceses las horas pasaban rápidas mientras dejábamos huérfanas de vino a más de cuatro botellas de sus mejores burdeos, Château Lafite,

Château Mouton - Rothschil, Château Latour, Château Margaux, Haut-Brion, Pétrus, Cheval-Blanc etc., con todas “valientemente” conseguíamos acabar.



VIAJA A BURDEOS LUCIANO MURRIETA

Decidimos hacer un viaje a esta región donde enseñaría a Murrieta sus diversas zonas; Saint-Émilion, Pomerol, Graves, Pauillac, Margaux, el Médoc, Sauternes y sus mejores pagos y bodegas, aprenderíamos todo lo posible sobre la elaboración y cuidados de estos estupendos vinos y de regreso a Logroño intentaríamos elaborarlos de parecido modo, ya que si algo tenía la familia de Jacinta eran las mejores viñas y bodegas. No encontraríamos inconveniente alguno en nuestro proyectado viaje a Burdeos porque en esta ciudad vivían unos parientes de mi mujer.

Presenté al Gobierno Francés la solicitud para con el oportuno permiso trasladarnos a Burdeos, pero nunca me fue concedido. Sin duda temían se trataba de un ardid y había quedado con mis partidarios cerca de la frontera para intentar un nuevo pronunciamiento en España.

Así que fue tan solo Murrieta quien en esta ocasión pudo discretamente trasladarse a Burdeos, con recomendaciones para nuestra familia en esta región y aprender cuanto quería saber sobre este tipo de vino y los métodos que empleaban para conseguir tan buenos resultados y deliciosos y finos vinos.



EL REGRESO DEL EXILIO

1848. Regresamos a España y en Madrid tomé posesión de mi escaño en el Senado, aprovechando el viaje para saludar a la reina. Amablemente recibido por esta y dentro de la emoción que no puedo remediar, me despido con estas palabras:

“Suplico a Vuestra Majestad me llame siempre que necesite una espada para defenderla o un corazón para amarla”

Tras breve estancia en la Capital del Reino emprendemos viaje a Logroño el 7 de febrero de 1848.

En Logroño a un amigo confieso:

“Mientras he estado en la emigración, mi mayor, mi único sentimiento ha sido vivir lejos del pueblo español: ahora que me hallo en su seno, me sería ya indiferente morir”





SE PROCLAMA EN FRANCIA LA SEGUNDA REPÚBLICA

1848. En 1848 estalla en Europa un movimiento revolucionario, en Francia Luís Felipe de Orleáns es destronado y se proclama la segunda República.

MUERE EN FRANCIA JOSÉ DE SAN MARTÍN

1848. José de San Martín, libertador de Chile (1818) y de Perú (1821), contra el que me enfrenté en varias ocasiones en su avance hacia la región de Arequipa, y que dejando el mando de sus tropas a Simón Bolívar (1822) poco antes de la batalla de Ayacucho, se vino a Francia. Había muerto el 17 de agosto en el pequeño pueblo francés de Boulogne-sur-Mer, donde vivía con su hija, socorridos ante una situación de absoluta miseria por un curioso personaje, del que en su momento contaré algo, el marqués de las Marismas del Guadalquivir, que llegó a ser propietario de uno de los más renombrados châteaux de Burdeos.

1851. Bravo Murillo, un buen administrador, realizó una buena labor en obras publicas - financiación de ferrocarriles, abastecimiento de aguas a Madrid - Concordato con el Vaticano etc., representando la fracción más reaccionaria entre los moderados, sustituye a Narváez, todos se asustaron al ver que su política autoritaria podía llevar a la dictadura.

1852. A bravo Murillo le sigue tras la caída de su Gabinete en diciembre, José Luís Sartorius, conde de San Luís. Cualquiera que se opone a su gestión es privado de sus cargos o confinado, y así lo hace con los generales Dulce, Serrano, San Miguel, Ros de Olano y el propio O´Donnell, que permanecen ocultos en Madrid conspirando.

1853. El 28 de junio Dulce consigue el pronunciamiento de varios regimientos de caballería, todos se ponen al mando de O´Donnell y se retiran a Manzanares en espera de acontecimientos. En el pronunciamiento, fase previa de la revolución, intervienen políticos civiles como el joven Cánovas del Castillo.

El 7 de julio se redacta el manifiesto de Manzanares.

En Madrid se forma la doble junta revolucionaría. Grupos enardecidos asaltan el palacio residencia de María Cristina y las casas de los ministros Salamanca y Sartorius, comenzando unas jornadas de incertidumbre, barricadas y sangre.

1854. DE NUEVO PRESIDENTE DEL GOBIERNO

Al gobierno de Sartorius le sustituye el del duque de Rivas, que duró dos días, 18 y 19 de julio d 1854. La reina se acuerda de mí, que sigo cuanto ocurre desde Logroño y me designa presidente del nuevo Gabinete, al tiempo que nombra a San Miguel capitán general de Madrid y ministro universal mientras yo llegue.

El 18 de julio parto de Logroño a Madrid pasando por Zaragoza. Dejó la siguiente proclama por despedida:

“Me separo de Logroño, mi pueblo adoptivo, porque la Patria y su libertad reclaman mi presencia en la invicta Zaragoza. Me llevo el grato recuerdo de los siete años que he sido vuestro conciudadano.

Un solo encargo os dejo: Obedeced a la patriótica Junta que ha sido instalada en este día; respetad sus disposiciones y conservad el orden, garantía segura del triunfo.

Cuento con vuestra honradez, nunca desmentida, con vuestro proverbial patriotismo y esa grandeza de corazón que os ha hecho tan apreciables para vuestro convecino ESPARTERO.

Logroño, 18 de julio de 1854

Julio de 1854. El día 29 llego a Madrid. En esta ocasión, olvidando antiguas diferencias, nombro como ministro de la Guerra a O´Donnell.

Por su parte la reina, a propuestas mías, firmó un manifiesto que fue profusamente repartido por Madrid:

“Españoles: Una serie de deplorables equivocaciones ha podido separarme de vosotros, introduciendo entre el pueblo y el trono absurdas desconfianzas, pero así como la verdad ha llegado por fin a los oídos de vuestra reina, espero que el amor y la confianza se afirmen en vuestros corazones”…terminaba:

“…El nombramiento del esforzado duque de la Victoria para presidente del Consejo de ministros y mi completa adhesión a sus ideas, dirigida a la felicidad común, será la prenda más segura del cumplimiento de vuestras nobles aspiraciones.

Españoles: La acrisolada lealtad del que va a dirigir mis Consejos, el ardiente patriotismo que ha manifestado en tantas ocasiones, pondrá sus sentimientos en consonancia con los míos.

Dado en Palacio a 26 de julio de 1864.-YO, LA REINA”



DESAMORTIZACIÓN Y LEY DE FERROCARRILES

1855. En abril, don Pascual Madoc, ministro de Hacienda, presentó en las Cortes un nuevo proyecto de desamortización de bienes civiles y eclesiásticos.

No sin titánicos esfuerzos Espartero y O’Donnell consiguieron que la reina Isabel II firmara (sancionara) el decreto, lo que hizo el 1º de mayo.

Junto a la ley de desamortización se aprueba la ley general de ferrocarriles y bancaria.

1856. PROPUESTA DE ENCABEZAR LA REVOLUCIÓN

1856. El 15 de julio me proponen en las Cortes que encabece la revolución y sabiendo que triunfante esta, la República era segura, no lo acepté, con lo que la revolución quedó condenada al fracaso. Pronto O’Donnell de hizo dueño de la situación.

Tan pronto me vieron abandonar el Congreso, abrieron fuego de cañón sobre el palacio desde una batería instalada junto al Museo del Prado, un expeditivo método para hacer salir a los treinta y siete diputados que permanecían en sus asientos. Uno de ellos era el político riojano don Práxedes Mateo Sagasta, que ocupaba durante el bienio progresista el puesto de diputado por Zamora. Una granada cayó a los pies del político riojano, lo que le dio ocasión de intervenir con su ejemplo para calmar a los diputados que pretendían ponerse a salvo, pronunciando estas sencillas palabras que fueron recogidas por el Diario de Sesiones:



“Continuemos en nuestros escaños con la misma serenidad que hasta aquí. Es nuestro deber”.



Por un lado debía fidelidad a las Cortes y por otro a la institución monárquica bajo la corona de Isabel II y decidí la segunda solución sabiendo que con ello debía retirarme, pero es posible que ya estaba cansado del mismo juego. No pudiendo jamás dar gusto a todos, cuanto mejor y más justas se querían hacer las cosas, más enemigos surgían.

1857. Me retiré a Logroño. Mi decisión de no encabezar la revolución supuso para Isabel doce años más de reinado. La revolución sin cabeza rectora se fue extinguiendo en las provincias por lenta y progresiva consunción, siendo mi fiel Zaragoza la última ciudad que depuso las armas el 1º de agosto, la última plaza que resistió al grito de ¡Espartero y libertad!, ese día me sentí un cobarde, ese día lloré.

1857. NACE EL FUTURO REY ALFONSO XII

Este año, Isabel II alumbra su primer hijo, al que le dan el nombre de Alfonso.

1858. O’Donnell situó en el Gobierno a la Unión Liberal.

LA GUERRA DE ÁFRICA

1859-60. Marruecos, aprovechando la guerra interna de España se levanta contra nuestra colonia en el norte de África. O´Donnell con importantes tropas parte para hacerles frente.

DE NUEVO LOS CARLISTAS INICIAN OTRA GUERRA

1859. Los Carlistas ven una buena ocasión, ante esta dispersión de fuerzas, de intentar de nuevo conseguir por la fuerza el trono se España.

1860. Recibo una carta de lord Palmerston, mi buen amigo en el destierro y ahora jefe del Gobierno Inglés, en la que me anuncia una nueva conjura carlista y toda serie de detalles, buques, fechas, personas, etc.

Por no levantar sospechas encargué a Jacinta ir a Madrid y entregar personalmente a la mujer de O’Donnell la carta, para que la entregase a este, que se encontraba en África defendiendo las plazas de soberanía española ante unos fuertes ataques de los moros. Ambas esposas cumplieron sus cometidos, pero O’Donnell o no creyó tan grave el asunto o no pudo desentenderse fácilmente de la campaña de África.

El día 2 de abril firmaba la paz en África O’Donnell por el tratado de Wad-Ras, y al mismo tiempo desembarcaba en San Carlos de la Rápita el capitán general de Baleares, Jaime Ortega, con cuatro mil hombres de las guarniciones de Palma y Mahón, a los que se unió don Carlos Luís, conde de Montemolín ( hijo del pretendiente Carlos al que derroté en las primeras Guerras Carlistas), don Fernando, hermano de este, y el general Elío (el incombustible defensor del absolutista Fernando VII). En Baracaldo y Palencia se produjeron unos conatos de sublevación inmediatamente sofocados.

Toda esta campaña fue un total y rotundo fracaso. Las tropas no sabían que las habían traído para defender la causa carlista y luchar contra su reina, cuando se dieron cuenta abandonaron a sus jefes.

Todos fueron hechos prisioneros. Ortega fue ejecutado, Elío condenado a muerte, en última instancia fue salvado por un indulto de la reina. Montemolín y su hermano recobraron la libertad previa renuncia a sus pretendidos derechos a la corona de España.

FERROCARRIL EN LOGROÑO

1863. Por fin veía hacerse realidad el sueño, compartido por tantos riojanos, de acabar con el aislamiento que en comunicaciones tenía Logroño, lo que impedía, entre otras cosas, que nuestros vinos y toda clase de mercancías pudiesen llegar rápido, en perfectas condiciones y con un razonable precio a los mercados tradicionales, puertos y frontera, al igual que nuestras compras. Por otro lado, reemplazaba los interminables viajes en diligencia, que tantas veces tomé para ir o venir de Madrid, y que llegados a destino había que recomponer todos los huesos del cuerpo tras soportar el golpe seco de unos ocho mil baches, en invierno zanjas, que en uno de ellos por distraerme conté.

El trazado del ferrocarril, que seguía el curso del Ebro, de Oeste a Este, contaba a su paso por la provincia de Logroño con las estaciones de Haro, Cenicero, Logroño, Calahorra y Alfaro. Se aprovecharon las fiestas de San Mateo en Logroño, en el mes de septiembre, para la inauguración del tendido. Fue el acontecimiento del siglo y permitió, aprovechando la mejor oportunidad que la historia nos brindó, llevar a la lo más alto los nuevos vinos de Rioja.

1864. Se terminan las obras e inauguran las estaciones ya mencionadas.

CONSPIRACIÓN CONTRA LA REINA

1866. En agosto, en la ciudad belga de Ostende, se reúnen progresistas y demócratas españoles, los representan Prim, Milanos del Bosch, Pierrard, Sagasta, Becerra, Ruiz Zorrilla y otros. Quieren, unidos, destronar a Isabel II y sustituirla del modo que decidan unas Cortes constituidas por sufragio universal.

Les falta atraerse a la Unión Liberal, cuyo jefe, el general Leopoldo O’Donnell, repatriado en Biarriz, tras unas diferencias con la reina que le forzaron a dejar en julio de este año el Gobierno, se resiste a participar en una coalición contra ella.

1867. En noviembre muere O’Donnell, le sustituye, al frente de la Unión Liberal, Serrano quien se une a los revolucionarios y lo hace de igual modo una parte del ejército y la armada.

1868. LA REINA SE SEPARA

El matrimonio “impuesto” entre Isabel II y su primo Francisco de Asís de Borbón, por incompatibilidad de caracteres termina con una separación amistosa.

1868. LA GLORIOSA - NUEVA REVOLUCIÓN

1868. En abril muere Narváez, el espadón de Noja, que durante estos años, con mano firme, y junto a O’Donnell había mantenido a Isabel II en el trono, desde mi voluntario retiro a Logroño. Pasa a presidir el Gobierno González Bravo. Conociendo, como todos, lo que ocurría, pretende abortar la revolución recurriendo a medidas extremas, desterrando políticos y militares presuntamente implicados, los generales Serrano y Dulce incluso los duques de Montpensier (Don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier era cuñado de Isabel II por su matrimonio con su hermana, la infanta María Luisa Fernanda, y estaba comprometido al igual que su esposa, en el movimiento revolucionario promovido contra la reina, al que contribuyeron con la suma de ¡ tres millones de reales ¡).

Eran los candidatos de los unionistas para ocupar el trono vacante una vez derrocada Isabel. Isabel II decretó su expulsión del territorio nacional y se fueron a Lisboa.

Todo resultó inútil, aprovechando que la Corte se encontraba, veraneando, en San Sebastián, en la madrugada del 18 de septiembre se subleva la escuadra española al mando del almirante Topete, el 19 se publica un manifiesto explicativo de los planes de la revolución y poco después se pronuncian los generales Prim y Serrano.

Al enterarse González Bravo, solo de apellido, del alzamiento presentó su dimisión a la reina, encargando esta al marqués de la Habana formase nuevo Gobierno. Se trasladó a Madrid llegando el día 20, cuya guarnición al mando de los generales Novaliches, marqués del Duero, Calonge, conde de Cheste, permanecían fieles a la reina.

Pidió a la reina se trasladase a Madrid, pero “sin la compañía de su favorito de turno”, Carlos Marfori, y si en la capital no se producía una reacción a su favor, que abdicase la soberana en su hijo Alfonso, príncipe de Asturias, muy niño aún, confiriéndome a mí la regencia.

Así lo habían aconsejado el duque de Sesto y el marqués de Salamanca.

Meditaba la respuesta cuando Serrano derrota a las fuerzas gubernamentales en el puente de Alcolea, sobre el Guadalquivir, a pocos kilómetros de Córdoba el 28 de septiembre. Isabel II, que se negó a ir a Madrid sin su querido y permanecía en San Sebastián, buscó refugio en Francia dos días después.

El 9 de octubre Serrano, que preside el Gobierno provisional, me escribe dando las gracias ante mi postura de no intervenir a favor de la reina y manifestando cuentan conmigo en el nuevo Gobierno. Con la misma prontitud y agradeciéndole sus deseos, ya requemado de asuntos políticos, contesto, por resumir diciendo:

“Nadie puede tener más interés en sacar incólume al país en las críticas circunstancias en que se encuentra que los iniciadores mismos”

Es decir, que quien lo hizo que lo arregle, en este caso los revolucionarios. Yo vivo más feliz que nunca en Logroño disfrutando de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida, el huerto y arbolado de mi finca parque de la Fombera, los increíbles vinos que elabora Luciano, mejores cuantos más años tienen, las tardes de tertulia en casa con mis mejores amigos, mi buen Domingo Santa Cruz, Teodoro Sagasta, Tadeo Salvador, alcalde de Logroño, etc., y más enamorado que nunca de una esposa, que ha sabido perdonar, y olvidar, mis calaveradas y desatinos de mi turbulento pasado.

1869. EN BUSCA DE UN REY

De las nuevas Cortes constituyentes de 1869 nace una nueva Constitución, la más liberal de cuantas se habían promulgado en España. Instauraba la monarquía como forma de gobierno, pero el rey sería elegido por las Cortes.

Se nombra regente al general Serrano. El general Prim, héroe de esta revolución es nombrado presidente del Gobierno, desempeñando al tiempo la cartera de Guerra. Busca un monarca que no pertenezca a la dinastía derrotada y excluye la rama borbónica.

Pronto los triunfantes revolucionarios se enfrentaban, unos apoyaban a don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, con quien como vimos se comprometieron y “debían” tres millones de reales, la Unión Liberal, encabezada por el regente Serrano, contando con el fervoroso apoyo del almirante Topete, otro héroe de la revolución.

Los progresistas proponían a Fernando de Coburgo, rey consorte de Portugal ya viudo de doña María de la Gloria, y así, otros grupos y grupillos en que cada partido se subdividía, presentaban su particular candidato.

Ante este gallinero enfrentado, a duras penas Prim ponía orden en el Gobierno y en las Cortes:

“Si es difícil hacer un rey - decía Prim ante las Cortes en 1870, cuando les daba cuenta de sus fracasadas gestiones para encontrarlo -, más difícil aún es hacer la república en un país donde no hay republicanos”.

Todos vuelven su mirada hacia Logroño y ven en mí la solución de soluciones, publicando hasta coplas para que me dé por aludido:

Dichosa sería España
bajo demócrata mando
altiva, no tolerando
la Corona en sien extraña.
De los Borbones la saña
olvidar nunca debemos
Montpensier, no lo queremos;
Espartero es popular
Rey lo debemos alzar
o sin rey nos quedaremos.


ISABEL II ABDICA LA CORONA EN SU HIJO ALFONSO

1870. Isabel II, en París abdicó la corona de España en su hijo Alfonso, pro en aquellos momentos las Cortes no querían saber nada de esta familia.

EN BUSCA DE UN REY ME PROPONEN PARA EL “CARGO”

1870. De la copla pasan a los hechos. El 13 de mayo me proponen admita mi candidatura a rey para ser votada en Cortes y si así lo manda la mayoría ser el nuevo rey de España. Me la entrega personalmente mi buen amigo don Pascual Madoz por encargo del conde de Reus.

En principio, el mejor situado, era el duque de Montpensier y reconoce que si acepto la propuesta, como firmes candidatos solo quedamos los dos.

Don Enrique de Borbón, primo y cuñado de Isabel II, publicó un ofensivo escrito contra los Montpensier a principios de año, llamándoles “naranjeros” en alusión al negocio que hacían con las frutas que cultivaban en su residencia de San Telmo (Sevilla), llegando a otros insultos personales, rebajando tanto al duque como a mí, que nada tenía que ver, me ensalzaba:

“…Que sepan esos conspiradores de Francia y España (los montpensieristas) - manifestaba, entre otros términos, don Enrique - que en España el esclarecido Espartero es, entre los elementos liberales, el hombre de prestigio y el objeto de la veneración nacional, y de ninguna manera el “hinchado pastelero francés”.

MUERE EN DUELO DON ENRIQUE DE BORBÓN

Ante tan graves ofensas se convino un duelo a pistola en el que don Enrique de Borbón resultó muerto por Montpensier, con ello la popularidad del duque se esfumó. Ya tan solo les quedaba yo, su fiel Espartero.

Pero ya pasada la vida y de sus golpes alertado tanto, no aspiraba a nuevas aventuras y complicaciones, mucho menos a ser rey

como provisional “parcheo” de tan inciertos momentos.

Les contesté a su petición con la siguiente carta:

“Excmo. Señor: El Excmo. Señor Don Pascual Madoz me ha entregado la muy atenta comunicación de V. E., fecha 13 del actual, en la que se sirve manifestarme, en nombre del Gobierno que dignamente preside, si pudiese contar con mi aceptación para rey de España en el caso que las Cortes Constituyentes se dignaran elegirme.

Agradezco en lo más hondo de mi corazón las consideraciones que el Gobierno me dispensa, y le aseguro que siempre estaré dispuesto a sacrificar mi vida por la libertad y ventura de la patria; Pero un deber de conciencia me obliga a manifestar respetuosamente que no sería posible admitir tan elevado cargo, porque mis muchos años y mi poca salud no me permiten su buen desempeño.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Logroño 15 de mayo de 1870

EL DUQUE DE LA VICTORIA

Excelentísimo señor capitán general del Ejército, conde de Reus, presidente del Consejo de Ministros”



AMADEO DE SABOYA

Sin mi candidatura, Prim siguió recorriendo Europa “ en busca de un rey” y al fin el 2 de noviembre don Amadeo de Saboya aceptó se incluyese su candidatura.

El 16 de noviembre, las Cortes por 191 votos a su favor de los 311 posibles aprueban su nombramiento como nuevo rey de España. Ya la “República federal” consiguió 60, con lo que junto a los republicanos quedaban otros 60 disgustados, de la Unión Liberal y otras tendencias. Una comisión, presidida por Luís Zorrilla, viaja a Italia para comunicarle en Florencia la decisión tomada.

PRIM ES ASESINADO

1871. Como había previsto, las cosas en la política no seguían igual que siempre, sino mucho peor. El 27 de diciembre unos pistoleros asesinos disparan sobre Prim, muriendo tres días después, el mismo día que desembarcaba en Cartagena el nuevo monarca don Amadeo, quedando desamparado políticamente.



Tanto a don Amadeo I como a su esposa María Victoria, no les faltaban cualidades humanas, pero estaban en medio de un nido de víboras. Se permitían muchas burlas a sus expensas, desde la de un actor novel que titula una revista teatral “Macarronini I”, hasta los innumerables chascarrillos que a cuenta de los apellidos de la reina circulan (del Pozzo della Cisterna).



DECRETO DE AMNISTÍA

3 de agosto. Publica un decreto de amnistía que alcanza a todas las personas procesadas o sentenciadas por delitos políticos, que es bien acogido. Emprende un viaje por Levante, Cataluña, Zaragoza, donde son bien recibidos.

1871. LA VISITA DE LOS REYES EN LOGROÑO

El 29 de septiembre don Amadeo y su esposa doña María Victoria llegaban a Logroño con el fin de visitarme, lo que mucho me honró, y les tuve como mis más ilustres huéspedes tres días.

Fueron recibidos calurosamente en su nueva estación de ferrocarril por el pueblo de Logroño.

Tenía el nuevo monarca tantas cosas que pedirme y preguntarme

para llevar a buen termino su difícil misión, que casi no hubo tiempo material de contestar a todo en estos tres días. Cuando se fueron me quedé con pena… eran demasiado buenas personas.

Aún el monarca me llamó en otras ocasiones para que le ayudase ante situaciones críticas. A los muchos problemas sociales y económicos, se sumaba la insurrección de Cuba apoyada por Norteamérica, el resurgimiento de la contienda carlista y el ya mencionado fraccionamiento de los partidos políticos de los que había unos ¡treinta! de tendencias diferentes.

Hice todo lo que pude por ayudarle en cada uno de cuantos asuntos me pedía consejo, y a veces le escribía alertándole sobre determinados temas de los que puntualmente recibía información.



1872. PRINCIPE DE VERGARA.

MARQUES DE MURRIETA YGAY.

Por mis buenos consejos don Amadeo me otorga el dos de enero, el título de Príncipe de Vergara, con el tratamiento de Alteza y todas las demás preeminencias, prerrogativas y consideraciones propias de tan alta dignidad. Al mismo tiempo le concede a mi querido Luciano Murrieta, en reconocimiento a sus muchos méritos en su infatigable trabajo y éxitos con los nuevos vinos de Rioja, el título de marqués de Murrieta Ygay.

1873. Sobrepasado por todas partes, estas buenas personas no pueden más, el rey Amadeo I abdica en febrero.

NUEVO GOBIERNO DE LA REPÚBLICA

Se declara el nuevo Gobierno de la República que me comunican el respeto por todos mis títulos y derechos, incluido el tratamiento de Alteza. Parece que en este país lo mejor para todo es estarse quietos.

La República duró 11 meses, en este tiempo pasaron cuatro presidentes por el Gobierno, cada uno de una tendencia diferente

doctrinal, federal, unitaria, conservadora, etc.. Comienza el caos, España está paralizada, ningún gobierno tiene tiempo de hacer nada, ni bueno ni malo.

1874. El 3 de enero, fuerzas del ejército y Guardia Civil al mando del capitán general Pavía, entran en las Cortes y disuelven el parlamento. De nuevo Serrano preside el nuevo Gobierno provisional.

RETRATO DE LA REINA ISABEL II

Su marido no pudo ser el consejero decidido y firme que Isabel hubiera precisado, y fue por ello juguete de las particulares ambiciones, personales o políticas, de cuantos la “ayudábamos”.

Sus dotes de inteligencia, discreción y política fueron más bien vulgares, y solo sobresalía por sus buenos sentimientos - como la puesta en libertad de Montemolín y su hermano, prisioneros - y por su trato sencillo.

Se escribía, como siempre, mucho más de sus devaneos y ligerezas que de sus buenas cualidades.

1875. ALFONSO XII NUEVO REY de ESPAÑA en LOGROÑO

La restauración venia siendo preparada paciente y meticulosamente por don Antonio Cánovas del Castillo, pero en el último momento se precipita al pronunciarse en Sagunto el general Martínez Campos el 29 de diciembre y allí mismo quedó proclamado el nuevo monarca, que entonces tenía 18 años. Las noticias me llenan de alegría y tan pronto desembarca el nuevo rey en Valencia le envío un cariñoso escrito con mi acatamiento a su persona.

Los incombustibles carlistas de nuevo atacan en el Norte y el joven rey se traslada a los escenarios de los combates y su sola presencia enardece a las tropas. De regreso a Madrid aprovecha la ocasión para venir a verme en Logroño. El 9 de febrero de 1875 Alfonso XII llegaba a las tres de la tarde a la capital riojana.

El retraso de tres horas se debió a las dificultades para atravesar el Ebro por Castejón, en que una barca suplía el puente arrastrado por el Ebro en una fuerte crecida. Encargué al ministro de Marina marqués de Molíns, que había precedido al monarca, que transmita mi saludo al monarca:

“Diga V. al rey que nada he sentido tanto como no poder ir a recibirle, pero que tendrá en mí un súbdito leal y decidido; que yo estoy seguro que será un gran rey constitucional y ya sé que es un valiente”.

Convaleciente aún de una reciente enfermedad no me es posible acudir a la estación a recibirle y esto me tiene preocupado.

Estaba descansando en mis habitaciones, sentado en un sillón frente a la chimenea, bien abrigado y con mi gorro griego cuando entró un joven militar, que me recordó por su uniforme mis tiempos de brigadier y le pregunté que a quién buscaba, pensando se había despistado, me dijo muy amablemente que a quien buscaba lo acababa de encontrar y que venía a darme un fuerte abrazo ya que se quedó muy preocupado cuando le dijeron que una reciente enfermedad me había impedido acudir a recibirle, al reconocer en aquel apuesto joven al rey de España Alfonso XII, nieto de una mujer a quien quise, María Cristina, y una madre a la que de niña cuide como regente respetando su trono como reina, fundiéndome en un fuerte y sincero abrazo no pude contener el llanto.

Después comenzaron a entrar otras personas y la conversación se hizo más fluida. Le pedí permiso, lo que obtuve, para condecorarle por su valiente actuación en la campaña contra los carlistas, poniéndole en el pecho la gran cruz de San Fernando que en su momento gané por mis servicios.

1876. Este año de nuevo el rey tiene que regresar al teatro de operaciones del Norte en su guerra contra los carlistas. No tardo mucho tiempo en desmoronarse la resistencia carlista, el 28 de febrero Alfonso XII entra triunfalmente en Pamplona mientras el pretendiente busca refugio en Francia.

1876. NUEVA VISITA DE ALFONSO XII A LOGROÑO

De nuevo el 6 de marzo llegó el victorioso rey Alfonso XII a Logroño, y por segunda vez viene a verme. De nuevo me sorprende cuando su majestad dice viene a ofrecerme la paz que acaba de alcanzar a quien en otro tiempo había luchado también para obtenerla,

los dos Pacificadores, con 40 años de diferencia en el tiempo, nos abrazamos, este rey siempre lograba que mis ojos se humedeciesen.

1877. Este año lo pasé apaciblemente alternando entre la casa y la finca y viendo como a Luciano, sus cosas, viñas y bodegas le iban mejor, pero se había convertido en un solterón recalcitrante.

MORIR DE AMOR

1878. Quien padecía los achaques, lógicos de mi edad, ya con 85 años, era yo, además de estar más sordo cada día. Mi esposa me colmaba de atenciones llevando muy bien sus 67 años.

Pero la vida es cruel, el 3 de junio de 1878, aún sin poderlo entender, la fiel compañera con la que había compartido más de medio siglo de mi azarosa vida falleció y ese día sentí que moría con ella.

En este instante me di cuenta de que sin mi querida “chiquita”, aquel héroe de leyenda, aquel valiente soldado, aquel pobre hijo de un carretero que alcanzó todos los ascensos, honores y títulos imaginables, no era nada, vanidad de vanidades el amor perdido en el momento de la vida en que más lo necesitaba.

Algo en mi corazón se partió y perdiendo toda ilusión vagaba como una sombra. Cada día que pasaba un dolor más profundo laceraba mi corazón. Las Navidades de este año fueron las más tristes de mi vida. El 4 de enero hacia frío y nevaba, mientras contemplaba como caían suavemente aquellos blancos copos toda mi vida fue pasando ante mis ojos, de niño sentado a la mesa con mis padres y hermanos en la humilde casa de Granátula de Calatrava, corriendo entre las viñas de noche, sin soltar mi arma, alejándome de tantos compañeros muertos que quedaron junto a Ocaña, las cien batallas y aventuras pasadas en Perú, Maríana, Simón Bolívar, María Cristina, el valiente Zumalacárregui, el sincero abrazo de Maroto en Vergara, el destierro en Londres, la alegre chiquilla que era Isabel, el noble Amadeo, el apuesto Alfonso XII, Luciano Murrieta a quien tuve y trate como a un hijo y brillando cegadoramente entre la nieve mi “chiquita” se fue acercando hasta coger mi mano en la suya, con su rostro alegre y luminoso cuando con 15 años la conocí en Pamplona, me dijo la acompañase de nuevo a París, donde estuvimos de viaje de novios, y juntos regresamos a esa maravillosa ciudad, de la que tan buenos recuerdos guardábamos. Recorriendo durante cuatro días todos sus rincones, agotados nos acostamos. Los médicos, que tan poco saben, dijeron que el día 4 sufrí un ataque cerebral y cuatro días después moría, lo que ocurrió el 8 de enero de 1879, a punto, el 27, de cumplir 86 años. Hasta en la esquela confundieron la fecha del año de mi fallecimiento y escribieron 1878.

Ya a partir de aquí, Luciano Murrieta os contará más cosas de este breve recorrido de nuestra movida historia, entrelazada con la de los vinos de Rioja. Yo os acompañaré siempre en compañía de Jacinta, mi guapa “chiquita” riojana, a quien más he querido en el mundo. Siempre vuestro, Baldomero Espartero.



Continua la narración de estas historias LUCIANO MURRIETA, militar, marqués y, sobre todo, hombre y bodeguero culto, ejemplar y generoso en todos los sentidos.



Nota del autor de estos apuntes de la historia seguidos desde una pequeña provincia del interior de España, desde sus viñedos y vinos.

Mis personajes “novelan” la historia para que su lectura resulte más amena y entretenida. Son mini cuadernillos y apuntes de la misma con el fin de que el lector pueda detenerse en el punto que más le guste o llame su atención y personalmente, a través de Internet, se adentre en ella y lea o descargue casi todo lo referente a el acontecimiento que para el tiene mayor interés.



Creado por Adolfo Soto
saberdevinos@hotmail.com



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