Saber de vinos

El corcho y el alcornoque

"EL GRANDE"
Así me llaman las buenas gentes del lugar. Soy un roble, concretamente un Quercus súber, variedad más conocida, sin ánimo de insulto, por alcornoque, y para ciertas gentes “árboles corteza”.

Cuando conozcan mi historia, sabrán que si alguien les llama alcornoques no es un insulto sino un halago. Nuestra presencia en la Tierra y evolución es anterior al hombre. En Portugal se ha encontrado uno de los más antiguos alcornoques fosilizados, vivió hace unos diez millones de años.

EGIPCIOS Y GRIEGOS
Antiguas culturas como egipcios y griegos ya usaban el corcho de nuestras cortezas hace 4000 años, en redes de pesca, sandalias, aislamiento e incluso con otros fines, incluidos los medicinales. Del corcho actualmente se fabrican planchas para decoración de paredes y suelos, así como aislamientos (frío, calor y sonido), se obtiene tanino, linóleo, tintas de imprenta etc. Cuando el corcho se quema en un recipiente cerrado se forma un carbón usado por los pintores conocido por Negro de España.

REGENERACIÓN DE LA CORTEZA
El filósofo griego Teofrasto, que vivió entre los años 400 a 300 antes de Cristo, descubrió que una vez retirado el primer corcho del alcornoque, volvíamos a regenerarlo rápidamente e incluso de mejor calidad, creciendo de 1 a 10 milímetros por año, de acuerdo con la riqueza de los suelos, agua y otros factores, comenzando así una racional explotación de nuestra especie como árboles productores de corcho.

Explotación sostenida y racional que consigue mantener el mismo número de árboles y superficie que ocupamos, incluso aumentarla.

EL CORCHO Y LOS GRIEGOS
Los griegos descubrieron las buenas propiedades del corcho como cierre en recipientes de cerámica, ánforas que usaban para transportar los vinos en barcos a lo largo y ancho del Mediterráneo. Sin conocer los motivos, el uso del corcho no llegó a generalizarse ni encontró continuidad en culturas posteriores como la del Imperio Romano, que tomó la cultura vitivinícola de griegos, fenicios y egipcios.

TERRENO Y CLIMA
Preferimos el terreno silicio, ácido y con escaso contenido de caliza, húmedo y con un grado de temperatura media al año de unos 12º C.

LOS BOSQUES EN EL MUNDO; TALA Y MUERTE
Una desmedida tala de nuestros bosques comienza cuando el hombre, al descubrir el fuego, lo usa para calentar sus cuevas y defenderse de otros animales con su ayuda, cocer o asar sus alimentos, construir las primeras viviendas con madera, ladrillos de arcilla, tejas, tinajas, todo tipo de utensilios de uso diario o adorno, que se cuecen al fuego, fundir en hornos desde la piedra caliza o yeso a todo tipo de metales, construir barcos, hacer muebles y, sobre todo, al pasar de nómadas a sedentarios y multiplicarse, la necesidad de más y más terrenos para sus cultivos con un total desprecio por los bosques. Los castellanos antiguos tenían fama de ser tenaces enemigos de los bosques y si en tiempos una ardilla podía desplazarse sin bajar a tierra desde los Pirineos a Gibraltar, hay que reconocer que muchos más han sido, y aún son, enemigos del bosque.

A medida que el hombre “prosperaba”, ciclópeas ciudades amuralladas y cientos de palacios y templos, como en Babilonia, necesitaban la madera de los mejores árboles y cientos de toneladas como combustible para cocer miles de millones de ladrillos. Utilizan en principio la madera de los bosques cercanos, pero como la moda de la época era atacar, saquear e incendiar estas ciudades, terminada la guerra había que comenzar de nuevo la reconstrucción. Las piedras se salvaban pero las estructuras de madera, vigas, etc., había que hacerlas de nuevo y traerla talando nuevos bosques, cada vez más y más alejados.

Las regiones de Irak, entre los ríos Eúfrates y Tigris, cuando se asentaron las primeras civilizaciones era un paraíso de bosques y praderas, tras siglos de atroces guerras, saqueos e incendios todos los bosques habían desaparecido.

Ante unas fuertes y persistentes lluvias, que describen como Diluvio Universal, la capa de tierra fértil explotada y sin protección fue arrastrada por las aguas al mar, quedando en su lugar tan solo arenas y piedras, del paraíso al desierto. Y así, de manera tan “inteligente” el hombre llegó al siglo XXI.

¿QUE HA SIDO DE LOS ARBOLES DE MI ESPECIE?
La superficie que hoy ocupamos en el mundo es muy pequeña con relación a la que ocupábamos antes de que el ser humano pisara la tierra. Tampoco les ha ido mejor a los bosques primarios de otras especies.

La mitad de los bosques que existían en la Tierra han desaparecido.

Cerca del 78 % de los bosques primarios, no fragmentados, ha sido destruida y el 22 % restante está amenazada. 76 países han perdido ya su masa forestal primaria y otros 11 pueden perderlos en los próximos años; los más amenazados en términos relativos son los bosques templados de Europa y EEUU.

En Europa tan solo queda el 0,3 % del bosque original en grandes áreas ininterrumpidas de Suecia y Finlandia. La contaminación atmosférica afecta a los bosques, especialmente en Europa, donde la cuarta parte de los árboles muestra un grado moderado a severo de defoliación a causa de esta. También afecta seriamente a los bosques de América del Norte y Asia.

En tan solo siete países aún se encuentran el 60% de la superficie forestal mundial: Rusia, Brasil, Canadá. EEUU, China, Indonesia y Congo.

¿QUÉ OFRECEMOS LOS BOSQUES?
Los bosques protegemos la biodiversidad, proporcionamos madera, leña y otros productos derivados de ella, cobijo y alimento para muchas especies animales y vegetales, evitamos la erosión de la tierra, regulamos el ciclo hidrológico, retenemos el carbono, oxigenamos la atmósfera, atraemos las lluvias, retenemos y regulamos sus aguas, y frenamos el cambio climático, lamentando no ser ya los suficientes para detenerlo.

Sin bosques la vida en el planeta para el hombre no sería posible.

ALCORNOQUES, SUPERFICIE MUNDIAL
Volviendo a los árboles de mi especie. Más del 50% de la superficie de alcornoques del planeta nos encontramos en la Península Ibérica; Portugal con 730.000 has. (32%), España 410.000 has. (18 %). En Francia quedan 100.000 has. (4,4 %), las mismas que en Italia, 100.000 has. (4,4 %).

En el Norte de África, en Argelia, igualando a España, 410.000 has. (18 %), Marruecos 340.000 has. (15 %), y Túnez 100.000 has. (4,4 %). El resto, 3,2 muy repartida por el resto del mundo.

PRODUCCIÓN DE CORTEZAS DE CORCHO
En cuanto a la producción mundial de corcho, Portugal ocupa el primer lugar con 175.000 toneladas (el 54,18 %), seguido de España 84.000 t (26 %), Francia 32.000 t. (10 %), Argelia 19.000 t. (5,88 %) y Marruecos 12.800 t. (4 %).

LOS ALCORNOQUES EN ESPAÑA
En España nos extendemos por Sevilla, Málaga, Huelva, Cádiz, Cáceres, Badajoz y Cataluña. Precisamente en esta última región comenzó la explotación del corcho en 1790, pero poco a poco los bosques se fueron reduciendo hasta llegar al siglo XIX, en el que de la superficie inicial tan solo quedó el 50%. VIDA
Nuestra vida, como la de otras variedades de roble, es larga, pudiendo llegar a cumplir sin problemas los 300 años. Pero cuando se nos retira la corteza periódicamente, el esfuerzo por reponerla acorta nuestra existencia en 100 o más años. Nadie se queja por ello, pues somos conscientes que de no ser por el milagro de la regeneración de nuestra corteza y el de los vinos embotellados con tapón de corcho, ni yo quedaría para contarles nuestra vida.

LA CORTEZA
Es sin duda especial, un don otorgado por la naturaleza ante nuestro ejemplar comportamiento. Este natural abrigo, el corcho, está formado por infinidad de células muertas, unos 40 millones por centímetro. Tienen las células la forma de poliedros de 14 lados, que se unen dejando entre ellas una mezcla gaseosa parecida al aire, ocupando la misma un 89,7% del volumen total, por ello resulta de una densidad extremadamente baja, entre 0,11 a 0,2 gramos por centímetro cúbico.

Por lo explicado, el corcho resulta fácil de comprimir, es elástico, ligero, impermeable y resistente al desgaste. En cuanto a la composición de las partes sólidas, el 45 % es suberina, (que procede de células en las que la celulosa de su membrana ha sufrido una transformación química), 27% lignina, 12 % celulosa y polisacáridos, 6% taninos, 5% ceroides, el 5% restante ceniza y otros componentes.

MI PRIMER SUSTO
Nací hace muchos años, tantos que he perdido la cuenta. Vivo feliz, en una preciosa dehesa rodeado por muchos de mis hijos y nietos, que han nacido de los mejores frutos que he dado a partir de los 20 años, alcanzada la madurez. Un buen día de verano, cumplidos los 30, llegaron unos hombres con unas afiladas hachas en forma de media luna. Entre alegres conversaciones y bromas sobre mi estatura, decidieron llamarme “El Grande”, porque midiendo la circunferencia de mi tronco comprobaron que su diámetro era superior a la del resto de alcornoques de la misma edad.

Comenzaron a cortar mi corteza practicando profundos cortes a lo largo del tronco y por debajo de mis ramas inferiores. Me asusté tanto que pensé había llegado el fin de mi vida, pero no sentía en mi tronco ni el mínimo corte o dolor. Aquellos hábiles y expertos leñadores - corcheros, pronto me despojaron de mi viejo y rugoso abrigo.

A esta corteza que retiran por primera vez, la llamaban virgen o macho y comentaban era una pena que no sirviese para hacer buenos tapones para botellas de vino. Sentía sobre mi piel el viento, el calor del día y el frío de la noche, unas extrañas sensaciones nunca experimentadas, aprendiendo algo nuevo, a regenerar lo más rápidamente el abrigo que me habían quitado, a partir de mi corteza madre, que había quedado intacta.

Pasaron ocho tranquilos años, hasta que volví a ver a los mismos hombres. Repitieron, como siguiendo un ritual, las mismas operaciones y pronto retiraron mi nueva y preciosa corteza. A esta corteza madre llamaban corcho segundero, estaban entusiasmados ante su calidad y alardeaban de que de él saldrían miles de tapones destinados a acompañar durante muchos años los mejores vinos del mundo.



CADA OCHO AÑOS
Puntualmente y durante toda mi vida, cada 8 años, retiraban mi corteza, con el paso del tiempo cada 9 y ahora suelen venir cada 10 años.

A medida que pasaba la vida, saca tras saca, los primeros hombres que conocí nunca volvieron. Llegue a conocer a los hijos que contaban historias de sus padres, a nietos y bisnietos. Al parecer la vida de los hombres era más breve que la de los árboles de nuestra especie.



MIS VENERABLES DOSCIENTOS AÑOS
Llegado a esta edad era realmente el gigante de la dehesa, de mi impresionante tronco salían unas fuertes ramas que sobrepasaban los 20 metros de altura, formando una copa de tal diámetro que daba sombra a casi 2000 metros cuadrados de jugosa hierba.

Un sin fin de aves encontraban refugio en mis ramas, y en primavera muchas eran las que en ellas hacían sus nidos llenando el campo de vida y alegría. En noviembre y diciembre, si el año había sido bueno y no faltaba el agua, mis ramas se doblaban por el peso de miles de sabrosas bellotas. A medida que maduraban caían al suelo y esto atraía durante la noche a una jabalina y su numerosa prole, unos juguetones rayones que se disputaban las bellotas con unos majestuosos ciervos, tan pronto el sol asomaba, se retiraban y desaparecían entre las cercanas jaras. No sin resistencia por parte de los pequeños jabalíes ante los gruñidos de la madre que ponía fin a su glotonería, al no entender, como tantos hijos, el porqué de sabios consejos.

Durante el día, unos hermosos e insaciables cerdos, siempre gruñendo, disputaban mis frutos. El señor al que acompañaban, tiraba con una larga pértiga las bellotas al suelo, y por más que caían nunca para aquellas avariciosas criaturas eran suficientes. Me daban pena porque sabía que su regalada vida de abundancia, glotonería y aparente libertad les llevaría en breve a ser sacrificados.

Tras las primeras heladas y cuando fuertes vientos de otoño golpean unas ramas contra otras, las bellotas caían por millares. Era el momento esperado por la paloma torcaz que pronto se enseñoreaba de la dehesa. Llegaban en tal número, que por momentos sobre el verde de la hierba solo se veía el azul de estas resistentes aves, que año tras año, atravesaban Europa para pasar el invierno en África y regresar en primavera. Nunca pude entender como con su pequeño pico podían tragar unas bellotas tan enormes que deformaban su cabeza y garganta.

Cuantos animales se alimentaban de mis frutos, o encontraban refugio entre mis ramas, o a la sombra de sus hojas, de alguna manera me pagaban lo recibido al dejar abonada la tierra con sus orines y excrementos.

LAS ULTIMAS SACAS
De mi impresionante tronco, en las últimas sacas, obtenían cerca de 1.000 kilos de corcho. Con ellos podían hacer unos 100.000 tapones, no desde luego de la calidad de los de mis primeros años. Mientras comían sentados a mi sombra los leñadores, hacían cálculos sobre los cientos de pisos que con la madera de mi tronco se podían entarimar, los miles de chuletones que del carbón obtenido de mis ramas se podrán asar, así como de los más del millón de corchos que había dado.

Estas conversaciones me daban a entender que el fin de mis días estaba próximo, pero ya desde hacía tiempo parte de mí vivía en esta dehesa en los jóvenes árboles de mi descendencia, tenía muchos hijos y nietos.

Me sentía feliz recordando que mi larga existencia había resultado provechosa a tantas personas y animales. Realmente había merecido la pena vivirla. Sabía que mi gran tamaño frenaba el natural desarrollo de mis hijos más cercanos, y aunque no solo, me encontraba algo cansado y achacoso. Había llegado el momento para, dejando este mundo, unirme a mis padres, hermanos y amigos de aquel maravilloso lugar con los que compartí tantas cosas.

EL USO DE MIS CORTEZAS PARA CORCHOS
A finales del siglo XVII en Inglaterra se comienzan a fabricar las primeras botellas de vidrio para vinos, en principio de Jerez, Oporto, Madeira, etc. bajas y rechonchas.

A la tranquila abadía de Saint Pierre de Hautvillers, en el Valle del Marne de la región francesa de Champagne han llegado las primeras botellas de vidrio. El inquieto abate Dom Perignon, que elaboraba y cuidaba los vinos y bodega de la abadía, pone en las botellas los mejores vinos blancos de su cosecha, que habían quedado algo dulces. Quizás al parar bruscamente la fermentación por una bajada de las temperaturas, u otras causas.

A los pocos meses, llegada la primavera, otro fraile le avisa que algo pasa en la bodega porque están saltando los tapones con los que cerraron las botellas, que eran de madera envueltos en trapos impregnados en aceite, y los vinos convertidos en espuma se derramaban. Dom Perignon comenzó a probar, llevado de su curiosidad, uno por uno tan curiosos vinos, a las horas y un tanto alegre subía las escaleras de la bodega a gatas diciendo a gritos …

“VENID, VENID HERMANOS, QUE ESTOY BEBIENDO LAS ESTRELLAS” Pasados los momentos de euforia, llegada la nueva vendimia, volvió a repetir todo cuanto hizo en la anterior campaña. Consiguió un alegre vino espumoso parecido al primero, pero el problema del cierre de las botellas seguía sin resolverse. Consultó cuanto sobre el tema se había escrito, cuando alguien le dijo que los españoles de Andalucía y Extremadura cerraban sus cantimploras, a veces de calabazas, con tapones de corcho.

La suerte llevó a las puertas de la abadía a unos peregrinos españoles que usaban los comentados cierres de corcho. Invitados por Dom Perignon, a las pocas horas de hábil conversación y unas botellas de aquel alegre vino, ya sabía como conseguir y hacer flexible esta noble materia. Pronto los frailes de la abadía trabajaban las cortezas del alcornoque y hacían los nuevos y revolucionarios cierres para las botellas de champagne, que así paso a llamarse este original vino espumoso, en honor a la región francesa en la que nació.

No terminaron con esto las pesadillas de Dom Perignon, el nuevo tapón era perfecto, tanto que, al no saltar, la pared de vidrio, de la botella normal, no aguantaba la presión ejercida por el gas del champagne y reventaba. Lo solucionó encargando unas botellas especiales, mucho más gruesas, con reborde en el cuello para sujetar el corcho con cuerda de bramante, muy parecidas a las actuales.

Como en ningún convento falta un Fray cotilla, el gran secreto de la abadía corrió de boca en boca por toda la región de Champagne. Cuando en 1715, cumplidos los 77 años, moría Pierre Perignon, ya toda la Champagne elaboraba vinos espumosos. Las empresas vinícolas Ruinart, en 1729, y Moët Chandon, en 1743, son unas de las primeras en comenzar a usar el corcho, pero eso es otra historia.

Los bosques de alcornoques, la moderna enología y los amantes del buen champagne y grandes vinos, debemos muchas cosas a este sencillo fraile.

EL DESCORCHE
Acababan de extraerme con delicadeza y ceremoniosamente del cuello de la botella de un vino tinto, gran reserva de añada excelente, en cuya agradable compañía había pasado los últimos 15 años de mi vida. La persona que lo hizo me observó con atención y olió, dijo de mí que era de una calidad excelente y aun me quedaba mucha vida. Quede colgando del cuello de la botella por una banda, hábilmente cortada, de la cápsula que me había protegido, las conversaciones giraban entre alabanzas al vino, a la barrica en la que se crió y a mí.

Alguien que sabia mucho sobre corchos contaba a los demás comensales que "conseguir un buen corcho no es fácil"

En principio debe proceder, a ser posible, de la primera retirada de la corteza madre, segundero, a partir de esta retirada se llama amadia. Durante un mínimo de seis meses a un año, las planchas de corcho curvadas se dejan secar, de forma parecida a las tablas de roble para barricas. La lluvia, el sol y el aire provocan en el corcho transformaciones químicas de diverso orden que mejoran la calidad de la materia prima. Después se hierven en agua para lavarlo y tras esta operación se almacena en pilas para que se vaya aplanando. Luego se seleccionan las planchas en siete calidades, según su espesor y defectos y se conservan empacadas en balas. Se hierven por segunda vez. Actualmente se hace en autoclave que en lugar de los 90º C. a los que llegamos hirviendo, alcanzamos los 120ºC, con lo cual se esterilizan y eliminan problemas de microorganismos que pueden dar lugar a tricloroanisoles (TCA). De nuevo el reposo durante unos siete días en una húmeda cava. Las planchas de corcho se cortan en franjas cuya anchura se determina en función de la longitud de los futuros tapones.

Se perfora cada franja con un afilado sacabocados y finalmente se secan y liman hasta quedar perfectamente cilíndricos con una precisión de una décima de milímetro. Una preselección mediante aire comprimido permite determinar distintas calidades de acuerdo a su densidad. Después de algunos días de reposo los tapones se lavan y secan. La selección final se efectúa mediante una cámara óptica. Posteriormente se marcan los tapones, al fuego o con tinta, se satinan con la ayuda de productos lubricantes como siliconas alimentarias, que facilitaran el deslizamiento al tapar y descorchar, para finalmente envasarlos en bolsas termo-soldadas al vacío.

SISTEMA SUBERASE
Así llaman a un nuevo método para el tratamiento del corcho presentado por el alemán Otto Berker, del Novozymes-Molinas Kork GmbH. Se trata de un sistema enzimático cuyo objetivo, a grandes rasgos, consiste en alterar en el tapón de corcho la dinámica de las moléculas que son culpables de la transmisión de malos gustos y olores al vino.

OBTURACION DE GRIETAS
En muchos casos se afina la superficie de los corchos, para mejorar su aspecto, obturando grietas y poros con un polvo fino de corcho.

COLAS ALIMENTARIAS
La aparición de colas alimentarias y resistentes permite la fabricación de tapones a partir de granulados especiales de corcho. Estos tapones de aglomerado, a veces se usan directamente para vinos corrientes.

En otros casos, tapones para vinos espumosos, se encolan uno o varios discos de corcho natural que son los que estarán en contacto con el vino.

DIMENSIÓN DEL TAPÓN DE CORCHO
Las dimensiones más corriente de los tapones de corcho son: 38 mm. de largo por 24 mm. (sencillos), 44 mm. por 24 mm. (con denominación) y 54 por 24, (grandes vinos). En cuanto a los vinos espumosos se emplean de 47 mm. pero mucho más anchos, 31 mm.

RECUPERACIÓN FÍSICA DEL CORCHO
Un tapón de corcho comprimido hasta un 35% de su diámetro recupera en una hora alrededor del 95% de su dimensión inicial y en 24 horas del 98 al 99%.

FUNCIÓN DEL CORCHO
La misión de un buen tapón de corcho es sobre todo proteger al vino, permitir una mínima micro-oxigenación, que la botella no pierda líquido, que no ceda gustos o aromas al vino y que no forme en su interior colonias de mohos con el peligro de transmitir olor a tricloroanisol (TCA). Aunque muchas veces se acusa al corcho del problema sin ser el culpable.

LA INDUSTRIA CORCHERA
Portugal, España, Italia y Francia producen el 90% del corcho mundial. Su facturación supera los tres billones de dólares. 250.000 millones de pesetas se facturan por tapones de corcho, de esto hace unos años.

La Denominación de Origen Calificada Rioja consume unos 300 millones de tapones de corcho, pagando por ellos más de 10.000 millones. Pero en esta misma región hay otros embotelladores de vinos de mesa (no acogidos a la Denominación) que consumen cerca de 200 millones de corchos.

FORO MUNDIAL DEL CORCHO
La Rioja acogió en noviembre del 2001, el primer Foro Mundial del Corcho, que organiza la Plataforma para la defensa del Corcho. Entre los objetivos a corto plazo me quedo con el de promover un mayor conocimiento del cultivo del alcornoque como símbolo de biodiversidad, elemento corrector medioambiental. Gracias al uso de la barrica de roble y el corcho, ambas cosas insustituibles en vinos de calidad, numerosos bosques en el mundo deben al vino y a quienes lo consumen su vida, así como otras muchas plantas y animales. Si llegaste hasta aquí, ruego facilites a cuantos amigos y personas que más quieras la lectura de mi vida, para que igualmente sepan lo mucho que por nosotros hacen cuando descorchan una buena botella de vino. En otros vinos, más baratos, usan tapones de plastiquín, derivados del petróleo, tristes imitaciones de corcho que ponen en peligro el futuro de nuestros bosques.

Por ello te propongo un nuevo brindis: "Por la Naturaleza, viñas y vino"

Este pequeño trabajo lo dedico a mi padre, Lorenzo Soto Vitores, que con 93 años sigue escribiendo libros en defensa de la naturaleza y los bosques autóctonos, sin entender que en sierras del interior de la España húmeda, se puedan talar y destruir bosques enteros de robles o hayas, a mata rasa, para poner en su lugar “pinos cerilleros”, aquellos que alcanzada cierta edad, los de la “cerilla”, o fósforo, los convierten en fuego, terminando con la esperanza de que los pequeños arbolitos de nuevas hayas o robles que entre los pinos nacen, alcanzando la madurez se multipliquen.

Explicar al habitante de ciudad que los bosques de hayedos, maravillas de la naturaleza, no arden, ni pueden quemarse aun ayudados por una cisterna de gasolina, tampoco arden los alcornoques u otros robles que cubren amplias extensiones de pastos en dehesas.

GRATAS EXPERIENCIAS
A veces, quiero contar tantas cosas que al final alguna olvido. En este caso una grata experiencia.
Los otoños, en los meses de octubre, noviembre, tomo unos días de descanso en los bosques de Ezcaray en La Rioja, en compañía de alguno de mis hijos y unos buenos amigos, siguiendo la tradición de mi padre y abuelo, esperamos pacientemente el paso de las palomas torcaces que llegan de todos los rincones de Europa camino de África. El pasado 2006 no dejó de llover hasta el día 25 de octubre, los cuatro días siguientes las palomas torcaces pasaron por millones. Vuelan sobre los 80/90 kilómetros por hora, por lo que al cazador, al menos a mí que me gusta disparar más con las cámaras fotográficas, no le resulta fácil acertarlas. Uno de mis hijos, Armando, jefe de cocina del Rincón del Vino de Ezcaray, es un apasionado de la caza y excelente tirador. Enseñé a mis hijos desde niños lo que sobre caza sé, como a mi me lo enseñó mi padre que con 93 años, ha leído bien noventa y tres, aún nos acompaña. Dice que se mantiene así de bien gracias al buen vino de Rioja que con moderación bebe todos los días.

2006, PARAÍSO DE SETAS
Octubre 2006 en el sistema Ibérico fue un mes atípico, a partir de unos 1500 metros llovió todos los días, el viento era del Sur y las temperaturas altas. Así que hasta el 25 no despejó. El bosque nos reservaba la más grata de las sorpresas, nunca habíamos vistos más hongos, tanto Boletus edulis (blanco), como Boletus aereus (negro). No solo en los bosques del valle del río Oja, en el resto de las sierras riojanas se encontraron y cogieron miles de kilos de estas deliciosas setas, las más aromáticas que he conocido. "Los bosques son como la mejor de las madres, nos dan todo a cambio de nada"

Consejo: Anote en su agenda, "Visitar con la familia o amigos algún bosque de hayas o alcornoques".

En otoño, al margen de las setas, ofrecen como el viñedo antes de que las hojas caigan un colorido inolvidable.


Creado por Adolfo Soto
saberdevinos@hotmail.com





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