La leyenda del origen del vino
Cuentan que en Babilonia, el gran rey Dsemit repudió a su favorita.
Enamorada del soberano, decidió quitarse la vida bebiendo el líquido
que con fama de veneno reposaba en el fondo de unas tinajas repletas de preciosos
racimos de uvas maduras, fruta predilecta del monarca.
Desesperada,
descendió a las bodegas del palacio bebiendo el supuesto veneno de
varias tinajas en un intento de acabar rápidamente con su dolor.
Pero aquello, lejos de terminar con su vida la reconfortaba, experimentando
una sensación de alegría hasta entonces desconocida.
Alertado
el rey de las intenciones de la joven, bajó a la bodega sintiéndose
culpable de su muerte, pero encontró a una desconocida mujer más
viva que nunca, alegre, al mismo tiempo que inspirada, valiente y fuerte.
Contó lo sucedido al monarca invitándole a compartir aquel líquido
chispeante. El rey accedió y poco después se fueron a la cama
donde hizo al asombrado rey lo que nadie le había hecho ni imaginar
podía.
Tal era la desinhibición a la que la llevó aquella bebida.
Fueron felices para siempre.
La humanidad había descubierto que ha partir de racimos de uvas maduras
depositados en tinajas, la naturaleza y el tiempo hacían el resto,
transformando el dulce mosto de las uvas en un alimento líquido, al
mismo tiempo que agradable y reconfortante.
Desde
entonces el vino acompañó a la humanidad a lo largo de su historia.
Hasta nuestros días muchos pequeños bodegueros, incluso importantes
bodegas de todo el mundo, elaboran vinos del año de forma muy parecida,
en tinajas, depósitos o lagos rectangulares abiertos.
Este método de elaboración, que llegó hasta Francia,
Portugal y España con las legiones romanas se conoce como de “Maceración
Carbónica“.
Creado por Adolfo Soto saberdevinos@hotmail.com
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